Jane Arnold Morgan
Evidentemente, en el aula no podemos atender a la vez a todos los estilos de aprendizaje de todos nuestros alumnos. Tal vez lo más importante sea simplemente concienciarnos de que, puesto que los alumnos aprenden de formas muy diferentes, tenemos que variar nuestra forma de enseñar para poder usar en algún momento actividades que responden a las preferencias y capacidades de todos. En el aula de ELE si incluimos actividades para varias inteligencias en diferentes momentos, les damos a los alumnos más oportunidades de trabajar de la manera que es más cómoda y eficaz para cada uno. A la vez, al variar las opciones, les damos la posibilidad de abrirse y de conocer y desarrollar otras maneras de aprender.
Por otro lado, la investigación de la neurociencia indica que el aprendizaje se potencia cuando tiene significado personal para el alumno. Cuando se tienen en cuenta los estilos de aprendizaje en el aula «teachers are better able to tap into the areas of personal meaningfulness of their students since they are recognizing the differences inherent in the students and putting individuals with their different ways of learning where they belong, back at the centre of the learning process» (Arnold y Fonseca, 2004: 125). Una ventaja adicional es que la variedad que se experimentará en el aula al estructurar las actividades con este marco reduce la monotonía y el aburrimiento, y motiva a los alumnos.
Hay una gran necesidad de incorporar estas y otras áreas del dominio afectivo en nuestras aulas hoy. En las décadas de 1970 y 1980 la psicología y la educación humanísticas enfatizaban la importancia, no solo para fines académicos sino sociales, de educar todo el individuo: lo cognitivo, lo afectivo y lo físico. Hoy en cualquier sector educativo se hace aún más necesario mirar más allá de las paredes del aula y de los parámetros de la disciplina curricular. En el Marco común europeo de referencia para las lenguas se explica cómo el Consejo de Europa:
(…) apoya los métodos de aprendizaje y enseñanza que ayudan tanto a los estudiantes jóvenes como a los adultos a desarrollar las actitudes, los conocimientos y las destrezas necesarias para llegar a ser más independientes a la hora de pensar y actuar y, a la vez, más responsables y participativos en relación con otras personas. De esta forma, el trabajo contribuye a fomentar la ciudadanía democrática.
Asimismo, la política lingüística que la Junta de Andalucía tiene propuesta desarrollar incluye una clara preocupación por temas de valores:
Las principales líneas que esta política lingüística incorporará vienen marcadas por la aptitud a convivir con los demás, a cooperar, a construir y a implantar proyectos comunes (…) [facultará a los discentes para] establecer relaciones constructivas con los demás, resolver de manera no violenta los conflictos, asumir responsabilidades, participar en la toma de decisiones y utilizar mecanismos de protección de los derechos de las mujeres y de los hombres.
Plan de fomento del plurilingüismo:
una política lingüística para la sociedad andaluza.
Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.
Con base en su investigación multidisciplinar, Eisner (2000) ha desarrollado un marco educativo para una cultura de paz que denomina el «modelo de asociación» (Partnership Model). Al contrario del modelo de clasificación cultural que ella llama «modelo de dominio» que busca un control jerárquico de todos los aspectos de la vida y que puede llevar a tipos de violencia que han sido socialmente aceptados, el modelo de asociación implica un sistema de estructura social igualitario y de asociación basado en el respeto mutuo y el afecto. Refiriéndose a este modelo, Bortoluzzi (2002: 162) afirma que «educational settings have the weighty responsibility of establishing patterns of communication and behaviour that will influence people and their relationships with others throughout their life», y señala que «Eisner believes in the real possibility of creating a new, more efficient, respectful and creative educational environment for today’s and tomorrow’s children and young people». Bortoluzzi explica que en el campo de la enseñanza de segundas lenguas lo mismo los enfoques humanísticos de enseñanza que el aprendizaje comunicativo se relacionan directamente con el modelo de asociación de Eisner.
Dados los graves problemas sociales que existen en la actualidad, Goleman (2002) propone una nueva visión del papel de la educación donde se educa holísticamente, uniendo mente y corazón en el aula. En muchos lados los objetivos de las aulas de idiomas también se van ensanchando. Además de los contenidos lingüísticos, se incluyen coordinados socioculturales y de valores que complementan y apoyan el aprendizaje de la lengua a la vez que contribuyen a la formación de ciudadanos responsables.
En el aula de español como lengua extranjera la afectividad, entonces, tiene un doble papel:
La preocupación por la afectividad puede mejorar el aprendizaje y la enseñanza de idiomas, pero el aula de idiomas puede, a su vez contribuir de forma significativa a educar a los alumnos de manera afectiva. Para conseguir los mejores resultados, debemos tener en cuenta ambas direcciones.
Arnold y Brown, 2000.