Jane Arnold Morgan
Por otro lado, una nueva lengua es una lengua «extranjera» y un alumno puede sentirse extraño, o «extranjero», cuando la habla. Especialmente con alumnos adolescentes, que se caracterizan por la necesidad de ser aceptados por sus pares, se conocen muchos casos de alumnos que saben pronunciar correctamente la lengua meta pero lo hacen mal a conciencia para ser «como los demás». La situación se complica si el hablante no se identifica con la cultura meta. Stevick (1996: 153) menciona el caso de una mujer nativa en un pueblo mejicano que era capaz de hablar español casi perfectamente pero solo lo hacía cuando estaba borracha porque que esto era «at the same time a part of playing her social role of “dumb Indian” and one way of expressing her resentment and her refusal to identify with the dominant culture»2.
Evidentemente, la ansiedad es un enemigo del aprendizaje y se debe buscar minimizarla en el aula. Rubio (2004: 73) observa que hasta ahora en el aprendizaje de un idioma no se le ha dado la importancia debida por dos motivos: «Primero por el desconocimiento general del profesorado de fenómeno y de su repercusión y, segundo, por la escasa implementación de técnicas, herramientas o metodología para poder reducir o prevenir dicha ansiedad». Sin embargo, el profesor tiene en sus manos dos opciones para aminorar la ansiedad de los alumnos: eliminar la causa cuando sea posible o proporcionar al alumno ayuda para enfrentarse a ella.
Se puede reducir la ansiedad sustancialmente por medio de la actitud del profesor y de la atmósfera que este crea en el aula. En su investigación con alumnos universitarios del campo de los estudios de la comunicación, Ellis (2000) ha trabajado con un modelo de «la confirmación del profesor», que tiene que ver con los mensajes verbales y no-verbales que el alumno recibe del profesor y que le hace sentirse aceptado y valuado3. El comportamiento que confirma puede crear una zona segura donde el alumno no tiene miedo a tomar los riesgos implícitos en expresarse en una lengua extranjera. En un estudio en Hungría (Dörnyei y Csizér, 1998) el factor más importante en establecer la motivación de los alumnos fue el comportamiento del profesor y el segundo más importante fue el clima establecido en el aula; ambos conectan directamente con la reducción de la ansiedad.
Rubio (2004) comenta que existen técnicas, algunas adaptadas de contextos clínicos, que puede reducir la ansiedad a dos niveles: fisiológico y psicológico. En cuanto a las primeras, se puede enseñar a los alumnos a relajarse, poniendo música suave e invitándoles a observar un momento su respiración y sentir como progresivamente en todo su cuerpo va desapareciendo la tensión; con cada respiración pueden imaginar como inspiran una sensación de tranquilidad y expiran todos sus problemas y ansiedades. Si no han hecho actividades parecidas, sería recomendable explicarles primero los posibles beneficios, por ejemplo, en situaciones de exámenes.
Para trabajar el nivel psicológico, se puede usar técnicas cognitivas como la modificación del diálogo interno. El alumno ansioso probablemente habla a sí mismo de esta forma: «Esto es muy difícil… No puedo hacer esto… Se van a reír de mí…». A menudo no somos realmente conscientes de estas autoverbalizaciones, pero afectan a nuestra disposición hacia la tarea y, por tanto, afectan a los resultados de nuestro aprendizaje. En primer lugar, podemos ayudar al alumno a tomar consciencia de su existencia y luego a parar estos pensamientos negativos y limitadores que producen ansiedad y a sustituirlos por otros más útiles. Un ejemplo conocido es cuando en vez de pensar «Esto es una dificultad», se puede reestructurar el pensamiento así: «Esto es un reto». O cuando el alumno está a punto de decirse «Yo no puedo aprender», puede parar el pensamiento y sustituir «Puedo aprender si trabajo».
Se ha hablado de niveles de ansiedad, de la existencia de una ansiedad «facilitadora» que crea la suficiente tensión para promover el esfuerzo para realizar bien una tarea pero no demasiado para inhibirla. Sin embargo, cuando se refiere a la ansiedad en el aula, generalmente se entiende que es «debilitadora» y, por tanto, hace falta reducirla. Algunas sugerencias para hacerlo son las siguientes: