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Miércoles, 22 de septiembre de 1999

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Mobiliario urbano

Por Antonio Avia

Andan muy preocupados los estudiosos del idioma por la invasión de neologismos, en su mayoría procedentes del uso de las nuevas tecnologías y, también, de los abusos de la tecnocracia. Pero no todo es añadir sin ton ni son. También las nuevas tecnologías pueden empobrecer nuestra lengua, quitarle vocablos y expresiones, en esa reducción de matices que supone siempre el paso de lo analógico a lo digital.

Resulta que en el pueblo donde nací las autoridades se han empeñado en remozar el centro urbano —al que mis paisanos siempre han llamado el lugar.

De la noche a la mañana han brotado en él docenas de bancos públicos, cientos de señales de tráfico homologadas y, sobre todo, unas nuevas placas de la red viaria, reflectantes y de aluminio serigrafiado —en vez de las antiguas de azulejo pintado a mano—, que han sido encargadas a una empresa especializada en normalización y señalización.

Pero, según me cuentan, los ordenadores de tan tecnológica empresa sólo reconocían y aceptaban dos tipos de espacios urbanos —o eran calles, o eran plazas— y consideraban superfluas, además, las preposiciones y los artículos.

Y así, donde antes había una calle del Cura, un callejón del Trueno, un camino de la Estación, una cuesta de la Encomienda, una subida al Convento, unas cavas Baja y Alta, un Coso, una travesía de las Moreras, una cañada Mediana, un pasaje de Santa Lucía, una bajada al Cementerio, una glorieta de Don Custodio, una plazuela del Cinco de Oros, ahora sólo hay una «calle Cura», una «calle Trueno», una «calle Estación», una «calle Encomienda», una «calle Convento», una «calle Coso», una «plaza Don Custodio», una «plaza Cinco de Oros»..., lingüística y tecnológicamente normalizadas.

A modo de compensación por tan inevitable pérdida, la empresa de marras ha regalado al pueblo varias placas artesanales destinadas a la flamante Avenida de la comunidad autónoma. Creo que allí estaba antes la carretera, un camino de almendros por el que paseaban los novios al atardecer.

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