ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Fueron muy numerosos los proyectos artísticos en los que intervino Velázquez en las diferentes residencias y casas del rey. El Salón de los Espejos en el Alcázar, la Torre de la Parada o el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro son, tal vez, las empresas más nombradas. Hubo otras muy interesantes, pero menos conocidas.
La documentación nos ha permitido saber que en la zona privada del palacio del Buen Retiro, entre los aposentos de la reina, hubo un cuarto donde colgaba una serie de retratos de bufones. ¿Estaría el pintor parodiando aquellas galerías, tan comunes por otra parte, de retratos reales, haciendo uso de esa fina ironía, tan presente en sus obras mitológicas?
En estos lienzos, Velázquez presenta de forma humana, tierna y descarnada, con su maestría de costumbre, a aquellos hombres locos, tullidos y deformes, que alegraron la vida de un palacio donde ya se respiraba la decadencia de un reino que quiso ser y no pudo... Recordemos, en el siguiente poema, a ese Don Juan de Austria, que estuvo colgado en aquel cuarto .
Don Juan de Austria el bufón
Don Juan de Austria el bufón...
don Juan de Austria terrible,
la socarrona cara jocoseria,
bajo el gorro anacrónico y risible...
¡Don Juan de la verdad y la miseria!
Hay en sus ojos de amargura un sello,
y en vano burlan de su mal talante
las damas del absurdo guardainfante
y décuple archivolta en el cabello.
No fue en Lepanto, pese a su alto nombre;
pero, amigo de un rey de glorias harto,
entre sus timbres de alta prez hay uno
que hace de él un amable gentilhombre:
prestó un doblón al gran Felipe Cuarto
en cierta noche de terrible ayuno.(Manuel Machado, «Alma»; poema incluido en Apolo, 1901)