Literatura
Por José Jiménez Lozano
Durante una visita al Museo de Cluny, en París, había entre los visitantes dos monjes benedictinos a quienes una guía de origen africano estaba enseñando la casa: lo que se prestaba a bastantes cavilaciones, algunas de las cuales melancólicas, pero otras fascinantes; y los monjes estaban encantados de que aquella muchacha africana les hablase de sus propias raíces, y tan excelentemente y con tanto amor.
Esta experiencia, por lo demás, es la que tenemos cuando nos encontramos con lo que los hispanistas dicen y escriben de nosotros; y no sólo en sesudas investigaciones e inventarios de nuestro pasado, sino señalándonos simplemente con el dedo aquellos rincones y vislumbres que, aun siendo nuestros, se nos han escapado. Ir de su mano es revisitar España, y lo necesitamos. Todavía nos queda mucho por ver y oír para «sabernos» los españoles a nosotros mismos.
Los hispanistas serían como los españoles de fuera y honoríficos, pero sobre todo quienes con frecuencia nos proveen de lentes de aumento y correctoras de estrabismo por puro amor de España, y a nuestra cultura, que, como es nuestra, nosotros solemos maltratar bastante, o de la que solemos avergonzarnos incluso.
Explicar el porqué de todo esto sería muy largo. España es así, señores.