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Viernes, 27 de septiembre de 2013

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MÚSICA Y ESCENA

El mundo del teatro español en la época áurea (8). Jerónima de Burgos

Por Luciano García Lorenzo

Nació, según el erudito González de Amezúa, en Valladolid, en torno a 1580, y su vida irá ligada en lo particular y en lo profesional con el actor y autor de comedias Pedro de Valdés. Más aún: precisamente por los datos que conservamos de Valdés es por lo que podremos reelaborar la biografía de Jerónima de Burgos y situar su actividad siempre al lado de su marido. Y si afirmamos que es natural de Valladolid lo hacemos sin documentos, aunque es verdad que alusiones sí que hay a la que fuera vecina de esa ciudad y que no procedía de familia de actores, pues, entre las sátiras que de ella se hacen, una es la de pregonar bizcochos en la ciudad castellana. Quizás, como los estudiosos han defendido, Jerónima viniera de familia de pasteleros, fuera entregada a algunos representantes y con ellos se quedara en la compañía correspondiente.

No podemos seguir año a año la actividad de esta actriz (aunque documentos abundan), pero sí dar algunos datos que la sitúan en uno de los lugares de mayor importancia en la vida teatral de su tiempo y no sólo como comedianta, ya que en más de una ocasión se ha defendido que la de Burgos era quien realmente gestionaba la compañía que estaba bajo la responsabilidad de su marido. Las primeras noticias de su trabajo son de 1594; efectivamente, ese año Jerónima y Pedro de Valdés entran a trabajar en la compañía de Alonso de Cisneros. Pasan al año siguiente a la de Jerónimo Velázquez y con esta agrupación inician una larga gira con representaciones en ciudades como Ciudad Rodrigo, Lisboa, Badajoz, Toledo, etc. Documentos hay que nos sitúan a la pareja de actores en esta ciudad precisamente durante las representaciones del Corpus de 1596.

Sabemos que Pedro de Valdés tiene ya su permiso como autor de comedias en 1602 y, a partir de este momento, la vida teatral de la pareja les llevará año tras año por numerosos lugares de España, asociándose en alguna ocasión con otros responsables de compañías, como sucede en 1605 debido a la reducción a ocho «autores de título» que una provisión real decreta ese año. De esta fecha y durante los años siguientes, conservamos muchos datos de la labor de Jerónima y su marido, de los poetas a los que estrenaron obras o de los títulos que estaban en el repertorio de las agrupaciones con que trabajaron (Lope de Vega, Alonso Remón, Mira de Amescua…). A través de ese material valiosísimo que son las obligaciones, los contratos de las compañías y de otros diferentes documentos, seguimos a la actriz por la España de entonces, representando no pocas veces mañana y tarde en el mismo espacio, en unas ocasiones recibiendo el aplauso del difícil público de los corrales y en otras, como sucedió en Zamora durante las fiestas del Corpus de 1607, siendo expulsados de la ciudad por su actuación en el interior de la catedral que no gustó nada al público, hasta el punto de no permitírseles que representaran en la plaza mayor de la ciudad la comedia que tenían comprometida.

Hemos citado, entre los poetas dramáticos que Jerónima representó frecuentemente, a Lope de Vega y parece ser que entre ellos hubo algo más que relación profesional. El estudioso Amezúa así lo afirma para los años 1607 y 1608, aportando como una de las pruebas que avalarían esa intimidad el hecho de que Jerónima fuera madrina de Lope Félix, hijo de Lope, que fue bautizado en la parroquia de San Sebastián de Madrid el 7 de febrero de 1607. Si espacio tuviéramos para seguir la trayectoria personal y profesional de la actriz, fácil sería, no sólo según Amezúa, recordar otros episodios posteriores en que se cruzan, incluso fuera de Madrid, la vida del Fénix y la de Jerónima, aunque las relaciones se fueron deteriorando, de tal manera que conservamos cartas de Lope a partir de 1615 con quejas y acusaciones hacia la actriz, llegando a cargar con desprecio hacia Jerónima en un escrito de 1628. De ser la «Señora Gerardo» tantas veces aludida en los versos del Fénix pasó a ser «doña Pandorga» en una de sus cartas. Y de dar Lope sus comedias a la compañía de Valdés y de Jerónima pasó a un alejamiento profesional evidente.

Gran mundo el del teatro áureo, pequeño mundo el de la escena de su tiempo. Jerónima de Burgos, que para algunos contemporáneos fue famosa mujer, para otros, hermosa y atrayente además de famosa, cometió un error grave que se da con frecuencia en el mundo de la escena, y se ha dado también más cerca de nosotros en el del cine y la televisión: seguir haciendo de joven cuando no lo eres; representar a damitas cuando ya eres gran —o pequeña— dama. El siempre agudo Góngora ya se había anticipado al después acentuado deterioro físico de la actriz (y también a la falta de acierto de la compañía de su marido), pues dedica un soneto a ambos testimoniándolo y nada menos que en 1615, si seguimos la datación de unos de los mejores estudiosos del poeta.

Jerónima de Burgos murió el 27 de marzo de 1641 en la calle de Cantarranas de Madrid. Fue enterrada en la iglesia de San Sebastián (también allí lo fue Lope), pero la actriz dejó lo que tenía para su alma y la de Pedro de Valdés, o lo que es lo mismo «para misas y sufragios por ellas, y para obras pías».

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