MÚSICA Y ESCENA
Por Alba Bergua Muntoner
En 1981 hicieron de teloneros de los Ramones en La Coruña; si ellos llevan un águila, pensaron, nosotros llevaremos un gato. Desde entonces han pasado treinta años y los bigotes del felino negro sobre fondo rojo de Los Suaves son, para quien conozca el rock español, casi tan característicos como los bigotes de los hermanos Domínguez, Yosi y Charly, dos de los fundadores de la banda —el tercer hermano, Javier, ya no toca la batería con ellos, pero les ha escrito la biografía oficial— y su cara más reconocible. Aunque últimamente Yosi lleva barba.
Por el grupo han pasado varios miembros, pero en los últimos diez años la formación no ha cambiado. Alguna vez estuvieron a punto de dejarlo; sin embargo, en 2010 sacaron un disco llamado Adiós, adiós. Y eso se lo decían a la despedida, claro, así que ahí siguen. Por el momento, y como el pardao de su canción, aunque llueva ellos cantan… y no se marchan.
El 18 de septiembre de ese mismo año, de 2010, se grababa en Orense el disco en directo 29 años, 9 meses y 1 día. Los Suaves le hacían un homenaje a su ciudad, la que los ha nombrado hijos predilectos, la que ha puesto su nombre a una plaza. No era la primera vez que grababan en directo —ya lo habían hecho en Suave es la noche (1989) y en ¿Hay alguien ahí? (1995)—, pero hasta entonces nunca lo habían hecho de un solo golpe, a todo o nada. Y como hace diez años supo reconocer la revista Heavy Rock, que consideró sus directos como los mejores de la historia del rock español, ahí Los Suaves nunca defraudan.
En el escenario son cinco. Yosi, que es la voz y el alma, se mueve todo el tiempo, hace muecas, extiende los brazos y agita una melena que fue negra y ahora es plateada; se dirige al público, les dice «Muy bien», o «Cantar, joé», o «Más»; alguna vez se sienta a fumar un cigarro mientras la afición corea las canciones; o toma prestada una bandera y encima de ella cabalga sobre las tablas. A su derecha y a su izquierda, en los pocos momentos en que Yosi está quieto y centrado en su lugar, se sitúan las guitarras de Alberto Cereijo y Fernando Calvo. Detrás, sonriendo y casi sin moverse, Charly, bajista, cofundador y hermano tranquilo y sociable del grupo —donde uno ríe, el otro sonríe—; y por fin, sentado a la batería, Tino Mojón. Alrededor de ellos, diez mil espectadores, camisetas negras y rojas, banderas gallegas, banderas del grupo. Y un gato. «Suaves somos todos», dicen ellos. Pues todos.
En el concierto, la selección de los temas mantiene el equilibrio: las veintisiete canciones ya editadas que lo componen, a las que se añade una letra escrita para la ocasión, proceden de ocho de los once álbumes de estudio de la banda. Como suele suceder, es el último el mayor granero (hay seis temas procedentes de Adiós, adiós), pero no se descuidan discos emblemáticos como Ese día piensa en mí (1988, tercero del grupo y su primer gran éxito), Santa Compaña (1994) o San Francisco Express (1997), que tienen una presencia importante en el directo: cuatro canciones cada uno. Entre las más tarareadas de todas las épocas, «Dolores se llamaba Lola», «Si pudiera», «No puedo dejar el rock» o la versión de «Palabras para Julia» con la letra de José Agustín Goytisolo y la melodía de Paco Ibáñez, solo que más acelerada; y «Malas noticias», claro, porque el rock también son penas.
El rock son penas: canciones de amor y desamor, de oprimidos, de marginales. «Canciones tristes nunca más las haré», dice el vocalista al público, pero sigue haciendo canciones tristes, sin concesiones, sin traicionar el espíritu del rock que les gusta a él y a su grupo: el clásico, el de Hendrix, Led Zeppelin o Deep Purple. Enfrentado a quienes adoptan del rock solo la pose —«es que parece que la gente tiene miedo de decir que hace pop o que hace otras cosas», dice, lúcido, en una entrevista—, él compone: con un rotulador escribe sobre cartones de cajas de medicinas que va enrollando y metiendo en tubos de papel higiénico. Las guitarras se las deja a Calvo y, sobre todo, a Cereijo, a quien muchos señalan como uno de los mejores guitarristas del rock español. Él, como confiesa entre bromas en el documental que completa el disco, se morirá sin saber lo que es un semitono.
En Orense les han puesto una plaza. El texto dice: «Praza dos Suaves (antes Praciña das Flores). Poetas do amor, do desencanto e da vida, que dende Ourense compuxeron rock para todo o mundo».