CULTURA Y TRADICIONES
Por Eva Belén Carro Carbajal
Las leyendas que existen en torno a las aguas que nos rodean son inagotables. Como inagotables son los infinitos ritos míticos y ancestrales que en muchas ocasiones se realizaron en ellas o en sus inmediaciones. Incluso en nuestros días perduran costumbres e historias que dan buena muestra de tiempos pasados y que, sin embargo, siguen resultando de una poderosa pero atávica actualidad.
El pozo Airón resulta un magnífico ejemplo. Sus aguas tienen mucho que contar, dispersas, como están, por toda la geografía española. ¿Acaso no resulta sorprendente pensar que buena parte de los lugares que reciben el nombre de «pozo Airón» han sido áreas de culto al dios Airo o Airón? Esta divinidad acuática prerromana se veneraba en las aguas que se creía que no tenían fondo y que servían para comunicarse directamente con el más allá, en algunos casos a través de sacrificios y exvotos. Estas son, al menos, algunas conclusiones sencillas que se pueden extraer dentro de un panorama más complejo, en el que la mitología, la epigrafía antigua, la toponimia y la literatura de los siglos xv-xvii aportan su granito de arena.
En los Arribes del Duero, en la localidad salmantina de Pereña, existe una preciosa cascada de más de veinte metros de altura denominada «pozo Airón», muy admirada durante la primavera, especialmente si ha sido lluviosa (en el mismo entorno también se encuentra el incomparable «pozo de los Humos»). Tras la cascada, la erosión del agua ha formado una cueva natural, que permite comunicar las dos orillas del arroyo de los Cuernos. Una antigua leyenda señala que existía la costumbre de que jóvenes doncellas vírgenes se bañaban desnudas bajo la cascada, después de comer, el jueves anterior al Miércoles de Ceniza (también llamado «Jueves gordo» o «Jueves de comadres», al que se refieren Sebastián de Covarrubias y Quevedo, por ejemplo). Hablaríamos de ritos de fertilidad, relacionados también con la virtud salutífera que se atribuía a estas aguas. Otros pozos Airones vierten sus leyendas, como el de la laguna de La Almarcha (Cuenca) o el de la laguna de Tejerina (León) que, entre otras versiones de romances, fueron estudiadas hace unos años por José Manuel Pedrosa.
El DRAE define pozo Airón como sima de gran profundidad, mientras que su segunda acepción, marcada como «coloquial», señala el «lugar donde algo se pierde, desaparece sin que haya esperanza de recobrarlo, o se olvida». A finales del siglo xv, Rodrigo de Reinosa escribe sus Coplas de las comadres, una larga composición catalogada como bufonesca por Laura Puerto Moro, donde también se menciona el pozo Airón:
Digamos sendos cantares,
después haremos colación,
y ordenemos, si mandardes,
como vengan los cantares
allá en el pozo Airón.(vv. 1489-1493)
José María Blázquez, José Manuel Pedrosa, Miguel Salas y otros estudiosos han investigado y escrito sus reflexiones en torno al pozo Airón, desde distintos puntos de vista. Las informaciones que aportan ayudan a seguir desentrañando un mundo mágico y misterioso, lleno de luces y de sombras, del que, afortunadamente, todos somos herederos.