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Lunes, 12 de septiembre de 2011

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Cultura y tradiciones

Enramadas y ramos

Por Eva Belén Carro Carbajal

Una de las fiestas más arraigadas en muchos pueblos de España sigue siendo la fiesta de los ramos, especialmente a lo largo de la Vía de la Plata. Celebrada de formas muy diferentes durante todo el año, los ramos acompañan fiestas locales, se ofrecen a modo de exvoto o se dedican al patrono o a la patrona, dependiendo de la localidad. Tienen en común la presencia de hermosos ramos o árboles pequeños, bien sea un ramo vegetal natural, bien un soporte o armazón con forma de pirámide que recuerda a la copa de un árbol, de los que cuelgan panes, roscas, rosquillas o cestas con ofrendas, así como otros adornos como ramas, hojas, flores, cintas, pañuelos y cera.

Se han buscado razones para intentar explicar este rito, partiendo del hecho de que el árbol es símbolo de tradición, de hermanamiento entre vecinos y de culto a la tierra y a la fertilidad. Muchos pueblos todavía poseen en sus plazas, al lado de las iglesias o junto a las ermitas, algún árbol centenario (castaños, tejos, morales u olmos). Debajo de estos árboles los vecinos se reunían para celebrar el concejo o las reuniones que servían para regular las actividades comunales. Puede tratarse de un antiguo rito romano asimilado por la Iglesia católica, como las ceremonias y festejos propios del culto a la diosa Ceres; de un ofrecimiento en señal de admiración o de entrega como símbolo de transferencia de autoridad (así era para los antiguos pueblos germánicos). Independientemente de esto, lo cierto es que goza de muy buena salud. Incluso se está recuperando la tradición perdida en algunas localidades.

La fiesta religiosa de los ramos se relaciona con las enramadas profanas que colocaban los mozos en las ventanas de las jóvenes solteras durante los meses de mayo y junio. Ramos y ramas de diferentes árboles de los alrededores tenían un significado amoroso concreto, testigos de los antiguos ritos primaverales de fertilidad en la Europa precristiana. Principalmente se usaban los cerezos y los guindos, pero también se colocaban ramos de laurel, de negrillo, de chopo e incluso cardos para gastar bromas. En algunos pueblos, el tipo de ramo estaba asociado a la actitud del mozo con respecto a la joven. Así, por ejemplo, el más habitual era el ramo de cerezo, que podía llevar cerezas e incluso rosquillas aderezadas con «polvos de vente conmigo», que se vendían en las tiendas y que se creía que tenían el efecto de convencer a la moza que fuera un poco reacia. Si el ramo era de chopo quería decir «te quiero poco»; si era de laurel, «te quiero, miel»; si era de negrillo, «la vaca detrás del novillo», que daba a entender que era la joven quien llevaba la iniciativa… A su vez, las enramadas emparentan con las diferentes varas floridas que acompañan también algunas celebraciones locales: los mayos, los pendones, las cucañas, etc., más allá de su significado simbólico.

Otra peculiaridad consiste en que tanto las enramadas como los ramos se cantan. En la tradición oral las enramadas son cantos de ronda, es decir, canciones que cantan los mozos a las jóvenes casaderas para cortejarlas (en algunos casos se trata de auténticas declaraciones de amor). Y también se canta el ramo, en la iglesia o en una ermita, mediante coplas más o menos compuestas para la ocasión (normalmente son las mujeres quienes los cantan). En ambos casos son estrofas de cuatro versos de arte menor y rima asonante. El ramo, además, puede bailarse y se subasta o se rifa su contenido. Consideración especial merece el Ramo de Navidad que pervive en algunos pueblos de la provincia de León y que se compone de una parte material (ramo verde o soporte de madera, del que penden ofrendas y adornos), otra literaria (textos y melodías) y un complejo ceremonial que, en palabras de Concha Casado, «lo convierte en algo único, diferente al teatro popular, las procesiones religiosas y las comparsas de carnaval, aunque tenga un poco de todas ellas».

Los ramos también son protectores y se han utilizado para preservar la casa y las cosechas. Romero, laurel y otras plantas han servido frecuentemente para proteger a las familias y a sus bienes, incluso con sentido propiciatorio. Algunos pueden verse colgados en balcones y ventanas de muchos pueblos de España, especialmente los bendecidos el Domingo de Ramos. Tradiciones ancestrales que todavía siguen vivas, a pesar de nuestros intereses, tan distintos a los de antaño.

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