ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
El retrato que hizo Tiziano de Daniele Barbaro (1513-1570) nos muestra a un hombre pensativo, de larga barba y ojos vivos, con un libro en la mano. Daniele, que debía contar entonces con unos treinta y dos años, pertenecía a una importante y culta familia veneciana. Fue un gran humanista que desarrolló también tareas de embajador, aunque es recordado sobre todo por sus facetas de mecenas de las artes y editor: en 1567 publicó en Venecia los Diez libros de arquitectura de Vitrubio con dibujos de Andrea Palladio (1508-1580). La relación entre el arquitecto de Vicenza y la familia Barbaro había comenzado incluso antes de que Daniele y su hermano menor, Marcantonio, le encargaran en 1557-1558 construir una residencia en las tierras que ambos habían heredado en Maser, en la región del Véneto. La llamada Villa Barbaro, aún en pie y decorada con frescos del Veronés, es una de las más espléndidas obras de Andrea Palladio, protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Tras la muerte de Daniele, la relación de Palladio con Marcantonio siguió dando frutos. Una terrible epidemia de peste asoló Venecia en los años 1575 y 1576. El dogo y el Senado veneciano prometieron construir una iglesia dedicada al Redentor cuando la peste llegara a su fin. El dogo Alvise Mocénigo eligió para ello la Giudecca, una isla de Venecia situada frente al palacio ducal en la que él poseía una residencia. El magistrado Marcantonio Barbaro formaba parte del comité del Senado que hizo la selección del proyecto y supervisó las obras. Andrea Palladio, que había presentado dos alternativas (una iglesia de planta longitudinal y otra centralizada), fue el arquitecto elegido para la construcción, que se inició en 1577.
La vinculación de Marcantonio al proyecto del Redentor queda patente en el hecho de que el plano de la iglesia centralizada, finalmente rechazada, parece que quedó en manos de la familia Barbaro y años después sirvió de base para la construcción del templete de Villa Barbaro en Maser, por el ya anciano Palladio. Marcantonio era un admirador de la arquitectura otomana, en especial del arquitecto Sinan (1490-1588), cuyas obras había conocido durante su estancia como bailò (embajador veneciano) en Constantinopla. Según la historiadora del arte Deborah Howard, algunas de las soluciones arquitectónicas atribuibles a Sinan y tan admiradas por Marcantonio (que describía sus edificios en los despachos enviados al Senado veneciano) pudieron llegar a plasmarse en el proyecto final de Palladio para la iglesia del Redentor. Sus campanarios de planta circular, similares a los alminares otomanos, su cuerpo de ventanas en la parte superior de los muros o los gruesos contrafuertes de ladrillo situados sobre las capillas laterales, parecidos a los de Santa Sofía, son recursos extraños en las iglesias venecianas que podrían proceder de la arquitectura de Constantinopla. La iglesia del Redentor constituía uno de los ejes visuales más espectaculares de la ciudad. Dado que la victoria en Lepanto era muy reciente (en 1571), no parece una elección inocente: ¿trataban de mostrar a los embajadores de la Sublime Puerta, alojados habitualmente en la Giudecca, la superioridad y magnificencia venecianas?