LITERATURA
Por José Miguel Lorenzo Arribas
La valía y sabiduría de las esclavas musulmanas medievales, entre las que descollaron las kiyan o esclavas-cantoras, queda reflejada en un relato literario bien difundido hasta época reciente, el de la esclava Tawaddud o, como se conoció en castellano, la doncella Teodor, cultísima mujer que reta al conjunto de los sabios de un rey a que le hagan una pregunta que ella no sepa responder, duelo intelectual ideado para evitar que su amo la vendiese.
El origen de este cuento árabe, que figura en Las mil y una noches, parece ser Bagdad, aunque es reelaborado en Egipto entre los siglos x al xiii. En la Península Ibérica circuló con autonomía antes de la difusión completa de la citada colección de cuentos, y su extensión fue extraordinaria a juzgar por las copias manuscritas conservadas. Ya en época moderna, se tradujo al maya, y gozó de éxito en el Brasil dieciochesco.
Teodor, cuyo carácter literario y su repetida habilidad musical la hacen la contrapartida musulmana de la juglaresa Tarsiana, muy confiada en sí misma, es preguntada por su educación. La profusa confesión de la esclava no deja lugar a dudas de la buena formación de muchas de ellas, por más que el hiperbólico currículo aducido no sea más que un procedimiento retórico (hoy tales triquiñuelas curriculares son casi conditiones sine quae non para conseguir empleo). Dice Teodor en primera persona:
Yo aprendí la Ley e el Libro e aprendí más los quatro vientos e las (sic) syete planetas e las estrellas e las leyes e los mandamientos e el traslado, e los prometimientos de Dios e las cosas que crió en los çielos. E aprendí las tablas de las aves e de las animalias e la física, e la filosofía e la lógica e las cosas provadas. E aprendí más el juego del axedrés. E aprendí tañer laúd e cañón e las treynta trobas, e aprendí las buenas costumbres de leyes. E aprendí baylar e cantar e sotar, e aprendí texer paños de peso, e aprendí labrar paños de seda, e aprendí labrar de oro e de plata e de todas las artes e cosas nobles.
Cuando se utilizan argumentos de este tipo es porque era verídico encontrar esclavas muy bien formadas intelectualmente, con las que la sociedad hispana estaba familiarizada. De la minuciosa relación de saberes y destrezas musicales que emplea, se aprecia que no era un conocimiento residual el que aprendían estas mujeres.
Teodor es un modelo de mujer sabia, patrón denostado y atacado por el sistema patriarcal a través de los medios más dispares. Uno de ellos, la ridiculización, se expresó a través de un dicho castellano que estaba vigente en el Siglo de Oro, porque Tirso de Molina lo emplea en una de sus comedias: «Qué doncella Teodor eres», precisamente refiriéndose a un varón apocado, al que se trataba a su vez de zaherir contraponiéndolo al arrojo de la sabihonda Teodor. Esto es ya el Barroco, tiempo de embestida (y miedo) contra las cultas latiniparlas, curiosas impertinentes, fierecillas domadas, etc., es decir, todo lo que sonara a competencia e intrusismo en un campo, hasta entonces, coto exclusivo de unos pocos varones.