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Lunes, 15 de septiembre de 2008

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LITERATURA

Guillermo Martínez:
de la muerte como azar o planificación1

Por Luis Alonso Girgado

En alguna ocasión he manifestado mi admiración, mi interés como lector por los novelistas argentinos Pablo de Santis y Guillermo Martínez, ambos instalados en la mejor tradición de la novela culta, intelectual, imaginativa argentina y ambos constructores de ficciones intensas y obsesivas que a menudo asimilan tramas policíacas y de misterio en las que no falta la conjetura y el azar, la causalidad, lo circunstancial y la evolución de lo real al terreno de la pesadilla, de la perversión, de la destrucción. Todo lo cual retorna en la última entrega de Guillermo Martínez, La muerte lenta de Luciana B., novela en la que advertimos la reiteración de la vida literaria, del mundillo de los escritores, de la controversia de autores y críticos con su cortejo de éxitos, envidias y mezquindades además de las digresiones interpretativas y las reflexiones metanarrativas y el elenco de citas de títulos y autores como ingredientes narrativos.

El hecho es que desde la primera página el lector se ve involucrado en una historia que tiene un lógico y sencillo soporte vital: un incidente fortuito (un amago de acoso sexual por parte de un escritor a la pasante de sus textos) y una impensable (y desde luego implacable) deriva de venganza servida por un lastre de muertes que pueden ser crímenes o no serlo. Nada diremos del argumento de una trama que progresa por la vía de la ambigüedad, de la indefinición, de la conjetura, de la oposición de perspectivas que sitúan al escritor —narrador— investigador, digamos, entre la espada (el enigmático Kloster) y la pared (la acosada Luciana cercada por muertes sin fin que la destruyen con perversa y dosificada lentitud). Amor y locura y muerte son el infernal triángulo de motivos de esta fábula que es a la vez thriller psicológico, propuesta de ficción densamente literaturizada, manifestación de un intelecto destructivamente imaginativo y, en fin, novela que atiranta hasta extremos delirantes pasiones destructivas como la venganza y el terror, la perversión y el miedo.

La muerte lenta de Luciana B. es admirable por su prosa clara y precisa, por su bien calibrado y bien mantenido ritmo de contar y por la perfecta programación y desarrollo de los medidos pasos de su historia, avasalladora en su capacidad destructiva, irreductible en el enigma y ascendente en su tensión interna. No diremos más de esta novela de muy deleitosa lectura, sino que no sería posible (al igual que el Guillermo Martínez forjador de ficciones) sin una tradición que encabeza Borges, modelo que Guillermo Martínez libera o desahoga de parte del bagaje cultural e intelectual del maestro para obtener un producto más sencillo, menos complejo, pero no menos eficaz. Novela a novela, Guillermo Martínez se erige como uno de esos contados escritores cuyos sucesivos reencuentros nos alegran y estimulan: los buscamos siempre porque los necesitamos, porque vivimos también en esa otra realidad que es la literatura.

(1) Publicado en Nordesia, Diario de Ferrol, 30 de diciembre de 2007. ^

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