ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Tiziano llegó al proyecto decorativo del camerino de alabastro de Alfonso d’Este en 1517, algo después de iniciado éste (véase el primer artículo de Las bacanales del Camerino d’Alabastro). Ese año murió Fra Bartolomeo, a quien el duque de Ferrara había pedido una Ofrenda a Venus. Tiziano recogió el asunto y lo replanteó tomando como base un boceto de Fra Bartolomeo y una de las ekphrasis de las Imagines de Filóstrato, texto que la familia D’Este le había enviado. La pretensión del duque era recrear en su studiolo la Antigüedad tomando como fuente la literatura. El poeta Ludovico Ariosto (m. 1533), entre otros, le ayudó en el programa ornamental.
El tema en la Ofrenda a Venus es el don del amor como fuente de fertilidad y regeneración de la naturaleza. Tal y como describe el texto clásico, un gran número de erotes o amorcillos, hijos de las ninfas, recogen de los árboles manzanas doradas, rojas y amarillas. Los niños revolotean con sus alitas de color azul, juegan, se enamoran, tiran manzanas a otros amorcillos besándolas previamente, o lanzan flechas. Sobre la hierba están esparcidos mantos de colores, cestos, manzanas. La liebre, un animal asociado a Venus, alude a la conquista del amor de manera violenta, como lo es su caza. Las ninfas, que ofrecen a Venus un espejo por haberlas hecho madres de amorcillos, no aparecían en la ekphrasis sino en el boceto. La figura de Venus, a la que unos deplorables repintes han deformado el rostro, está inspirada en una estatua romana que al parecer perteneció al patriarca de Aquileia y que hoy está en el Museo Arqueológico de Venecia. El bello paisaje simboliza la fertilidad de la naturaleza.
La bacanal de los Andrios también está basada en las Imágenes de Filóstrato, aunque de forma más libre (no aparece Baco, por ejemplo). La celebración se desarrolla en la isla de Andrios, donde Baco hizo manar arroyos de vino. Algunos de los personajes se inspiran en esculturas clásicas y en obras de pintores como Miguel Ángel; para otros Tiziano hizo minuciosos estudios del natural. Un ejemplo de lo primero es la ninfa desnuda recostada en el primer plano; su postura sensual, insinuándose al espectador, se basa en una estatua de Ariadna del Vaticano. Las ménades o el niño orinando toman asimismo modelos clásicos, al igual que la crátera griega que porta el hombre del borde izquierdo. En cambio, la espléndida jarra con vino del fondo es de fino cristal veneciano. La partitura tirada en primer término recoge una cancioncilla, compuesta por un músico de la corte ferraresa y también de inspiración clásica, que decía: «Quien bebe y no repite, no sabe lo que es beber».
Tiziano dio gran importancia al color en sus lienzos, como el propio Filóstrato en su descripción. La armonía cromática tiene un carácter musical, con bellos contrastes cuidadosamente estudiados. Tiziano usó los pigmentos más caros disponibles en Venecia (azules de lapislázuli natural y de azurita, verde malaquita, rojos bermellón y lacas carmesíes, o amarillos derivados del arsénico), que aplicó puros, sin mezclas. Gracias a las veladuras translúcidas, consiguió acentuar su brillantez e intensidad.