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Martes, 5 de septiembre de 2006

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ARTE / Claroscuro

Las bacanales del Camerino d’Alabastro (I)

Por Susana Calvo Capilla

Esta obra de Tiziano, La bacanal de los Andrios, colgó junto a otras dos de su mano, Baco y Ariadna (National Gallery de Londres) y La ofrenda a Venus, de las paredes del llamado Camerino d'Alabastro, de Alfonso d’Este, en su palacio de Ferrara. Los tres cuadros fueron pintados entre 1518 y 1522. El Camerino era un studiolo, un espacio de meditación y estudio, en el que, además, se conservaban recuerdos, objetos preciosos, convirtiéndose al mismo tiempo en un lugar reservado a la memoria. Los nobles renacentistas se habían inspirado en instituciones de la Antigüedad Clásica como el Studium o Gymnasium griegos, ámbitos de estudio, y la Academia o Museum,consagrados a las musas inspiradoras de los poetas y escritores. Dos de los más famosos studiolos del Renacimiento fueron los de Federico de Montefeltro, en el Palacio Ducal de Urbino (para el cual realizó varios retratos de hombres ilustres el pintor castellano Pedro Berruguete hacia 1473) y el de Francisco I de Medicis en el Palacio Vecchio de Florencia (decorado a partir de 1570, bajo la dirección de Vasari, con retratos familiares de Bronzino, entre otros). Con Isabella d’Este cambió un poco el concepto de studiolo, que deja de ser un espacio reservado a la meditación del dueño para convertirse en un «gabinete científico» donde se exponían objetos preciosos (pinturas, esculturas o medallas tanto antiguas como modernas) y en un lugar para la conversación.

El duque de Ferrara encargó la decoración de su Camerino d'Alabastro, ejecutada entre los años 1505 y 1525, a los mejores artistas del momento: a Rafael le encomendó el Triunfo de Baco, a Fra Bartolomeo la Ofrenda a Venus, y a Giovanni Bellini el Festín de los dioses. Alfonso d’Este escogió minuciosamente los temas de los cuadros, extraídos de la literatura clásica, en concreto de las Imágenes de Filóstrato, un sofista del siglo ii d. C. Este comentaba de forma retórica unas pinturas antiguas siguiendo un género literario de la antigua Grecia llamado ekphrasis, «poner en palabras», que consistía en disertar sobre pinturas y esculturas (se identificaba el tema, se describían los efectos sugeridos por la pintura y se explicaba su significado). El libro de Filóstrato fue editado en Italia en 1503 y en 1510 fue traducido del griego por la hermana del duque, Isabella d’Este. Tal sofisticación erudita no ha de extrañar en una corte, la ferraresa, que acogía por entonces a Ludovico Ariosto, Petrarca y Josquin des Prés.

Para conocer la localización del studiolo y la disposición de sus pinturas fueron de gran ayuda las descripciones de Vasari y las cartas intercambiadas entre el Duque y Tiziano. En 1598, cuando la familia d’Este entregó Ferrara al Papa, el Studiolo fue desmontado y sus tesoros dispersados. El cardenal Pietro Aldobrandini poseyó muchas de las obras hasta que en 1621 son regaladas al cardenal Ludovisi. En 1637, Niccolo Ludovisi, sabedor del aprecio de la corona española por Tiziano, regaló dos de estos cuadros a Felipe IV en agradecimiento por haberle entregado el Estado de Piombino. Escaparon así de las manos de William Petty, el astuto agente del Conde de Arundel, que había recibido órdenes de adquirir la colección Ludovisi para el rey Carlos I.

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