ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
En esta tabla observamos a un santo que se ha querido identificar con Santo Tomás acompañado por un donante, posiblemente el bachiller Juan Pérez de Toledo sepultado en una de las capillas de la iglesia de convento dominico de Santa Cruz de Segovia, de donde procede el conjunto de tablas atribuidas al artista Ambrosius Benson custodiadas actualmente en el Museo del Prado. Se trata de una pintura netamente renacentista y flamenca como se demuestra por el tratamiento del volumen y estudio introspectivo de los personajes, así como por el minucioso tratamiento del color, el paisaje y la perspectiva. La reciente restauración del magnífico retablo de la parroquia de San Juan Bautista de la localidad segoviana de Carbonero el Mayor dirigida por el Instituto del Patrimonio Histórico Español, junto a los estudios de su máximo especialista Fernando Collar de Cáceres, han brindado una nueva ocasión para aproximarnos a la personalidad de Benson y a la problemática de muchas de las pinturas flamencas del siglo xvi conservadas en España.
Desconocemos la fecha exacta y el lugar del nacimiento del pintor Ambrosius Benson que aparece a finales de la segunda década del siglo xvi formando parte de la «guilda» o cofradía de pintores de Brujas. Su formación no puede explicarse sin la impronta del gran artista Gerard David en cuyo taller debió de aprender, o como poco perfeccionar, el oficio. Frente a la ausencia de su trabajo en Brujas, llama la atención el gran número de obras vinculadas a Benson conservadas en España, principalmente en Castilla y León y La Rioja, y especialmente en la zona de Segovia, realizadas presumiblemente en Flandes tras el estudio pormenorizado de la técnica de todas ellas. Aunque ha habido historiadores que han llegado a plantear la presencia del artista flamenco en España son muchos más lo que se inclinan a rechazarla ante la ausencia de datos fidedignos que puedan confirmarla.
Por otra parte las obras conservadas, si bien denuncian denominadores comunes en su arte, son de muy diferente calidad lo que hace que se plantee la existencia de un taller vinculado con el artista. Nos hallamos por lo tanto ante un profesional que destinaba a la exportación casi todo lo que producía, él y su equipo, en su taller de Brujas; de hecho es bien conocida su relación con comerciantes hispanos, caso de Lucas de Castro y Sancho de Santander.
De nuevo surge la cuestión de hasta dónde llegaba la labor de los artistas medievales y del mundo moderno, algunos tan conocidos como el Maestro Mateo del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela del siglo xii, del arquitecto de los Reyes Católicos Juan Guas, o de otros más modernos como Pedro Pablo Rubens o Lucas Jordán, a los que encontramos detrás de tantas y tan ingentes empresas artísticas por toda Europa. ¿Artistas o contratistas?