Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
Concluimos el repaso de los nombres de las más importantes poblaciones de Cataluña con algunos zootopónimos (= ‘nombres de lugar formados por nombres de animales’ que generalmente hacen referencia a lugares donde estos abundaban), como Cervera (< lat. ceruaria ‘lugar abundante en ciervos’) o Granollers (‘raneros, pequeña laguna abundante en ranas’, derivado de la forma dialectal catalana granolla ‘rana’).
Vemos también algunos antropotopónimos (= ‘nombres de lugar formados por nombres de persona’ que suelen indicar la originaria pertenencia o propiedad), tales como Sabadell (< Sabatellus, nombre personal medieval, derivado en -ellus), Palafrugell (con la misma terminación -ell, propia de estos derivados diminutivos de antropónimos medievales de origen latino o latinizados; en este caso, Frug(i)ellus, de Frugius, que lleva antepuesto y aglutinado el sustantivo palatium ‘casa grande de labranza de un señor’; sería, por tanto, la ‘casa de Fruguel’), o Castelldefels (compuesto de castellum ‘castillo’, diminutivo de castrum, y de Felix; esto es, el ‘castillo de Félix’).
Y asimismo algunos hagiotopónimos (= ‘nombres de lugar formados por voces del léxico religioso, ya sean apelativos o nombres propios’ —estos últimos, nombres de santos, suelen corresponderse con los titulares de las primitivas iglesias—), como Sant Feliu de Guíxols (compuesto por Sanctus Felix [> Sant Feliu], santo prolífico en la toponimia catalana, y un nombre de origen anterior, quizás griego o más seguramente adoptado y adaptado por los griegos), o Santa Coloma de Gramanet —cat. Santa Coloma de Gramenet— (compuesto por Sancta Colomba [> Santa Coloma] y el colectivo Gramenet ‘campo de grama’). Los complementos toponímicos (Guíxols, Gramenet) son nombres de lugar independientes en origen que quedan incorporados al hagiotopónimo e identifican bien los lugares designados.
Revisamos, ya para terminar, los nombres de las poblaciones de Reus, Sitges y Hospitalet de Llobregat (cat. L’Hospitalet de Llobregat), siendo conscientes de que nos han quedado otras muchas por mencionar. El topónimo tarraconense no tiene una etimología segura y bien definida, pero podría tratarse de un nombre trasladado desde el Languedoc con los primeros pobladores, quizás originarios de allí; Reus provendría así de una forma Redes céltica, lo mismo que el topónimo francés Razès. El barcelonés Sitges, por su parte, tiene una procedencia bien distinta. Pese a las etimologías prerromanas que se le han dado, todo indica que el nombre hacía referencia a los silos donde se almacenaba y guardaba el trigo; se relacionaría, por tanto, con la voz catalana sitja, con ese mismo significado. Finalmente, Hospitalet de Llobregat, que en su variante específicamente catalana lleva artículo (L’Hospitalet de Llobregat), no es sino un diminutivo de Hospital, con el antiguo valor de esta palabra (‘albergue o refugio destinado al hospedaje de gente, en especial de viajeros’); equivaldría, por tanto, a hostal, que también proviene del lat. hospitale(m). El nombre del río Llobregat sirve, como en el caso de Cornellá, de complemento.