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Martes, 23 de septiembre de 2003

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ARTE / Claroscuro

Marco Lucio Vitrubio Polión

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Pocos elementos hay que caractericen más al mundo romano que su propia arquitectura. La magnífica utilización de los arcos de medio punto, las bóvedas de cañón, o el sistema clásico de órdenes, en basílicas, puentes, termas, anfiteatros, circos, templos, teatros, acueductos, etc., supone un avance importante respecto a la historia de la arquitectura anterior donde lo que primaba era la construcción adintelada. El imperio romano quedó unificado por la arquitectura pública y edificios casi idénticos podían verse en Siria, España, Italia o Libia.

En el siglo primero antes de Cristo vive Marco Lucio Vitrubio Polión, conocido simplemente como Vitrubio. Fue arquitecto, ingeniero e inspector de máquinas de guerra, y desarrolló su carrera bajo los gobiernos de Julio César y Augusto. Fue autor del tratado de arquitectura más importante realizado en la Antigüedad. Su valor es incalculable pues nos transmite los conocimientos arquitectónicos de su época y los nombres de otros tratadistas anteriores a él a los que acudió para elaborar su trabajo.

Su tratado, dedicado a Augusto, se divide en diez libros en los que se habla de un sinfín de temas. Se tratan las técnicas, los materiales y su extracción, los edificios públicos y privados, las casas urbanas y campestres y su ubicación en el terreno, la conducción de las aguas, los artilugios de medición, la ornamentación, las máquinas de guerra, etc. Vitrubio además habla de los conocimientos que debían tener los arquitectos, y a lo largo de su trabajo escribe de dibujo, geometría, aritmética, música, jurisprudencia, astronomía..., pues aunque la arquitectura es una ciencia práctica debe ir siempre acompañada de multitud de conocimientos teóricos.

Una de las características más interesantes de la obra de Vitrubio es su valor didáctico, pues huye de grandes complejidades expositivas con tal de que un lector que no esté introducido directamente en el mundo de la arquitectura pueda comprender sin muchos problemas su trabajo.

El tratado no se perdió en la Edad Media y es conocido gracias a la adaptación que hizo de él en el siglo iv Cetius Faventinus en De Diversis Frabricis Architectonicae, y a lo largo de la Alta Edad Media se encontraba en multitud de bibliotecas monásticas de toda Europa, si bien será durante el Renacimiento cuando su fama alcance cotas inimaginables. Alberti, Ghiberti o Palladio, entre muchos otros artistas, lo utilizaron, lo tradujeron, lo publicaron, y será en la Italia del siglo xvi, más que en la del siglo i antes de Cristo, cuando se construyan los edificios más vitrubianos.

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