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Martes, 4 de septiembre de 2001

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ARTE / Claroscuro

Perdónanos, Goya (I). El complejo mundo del arte

Por Juan Carlos Ruiz Souza

El pasado mes de abril saltaron a todos los medios de comunicación los comentarios de dos especialistas de la Historia del Arte, Juliet Wilson-Bareau y Manuela Mena, en los que se ponía en tela de juicio la autoría de dos obras maestras, La lechera de Burdeos y El coloso, hasta ahora atribuidas al genial pintor aragonés de Fuendetodos, Francisco de Goya y Lucientes; a cambio, han preferido atribuírselas a su supuesta hija Rosario Weis, cuya obra conocida, por cierto muy mediocre, nada tiene que ver con los dos lienzos citados.

No es algo novedoso poner en entredicho la autenticidad de importantes obras de arte, ya que el estudio y la investigación pueden en ocasiones demostrar que tal lienzo no se debe a tal artista, o que, de la misma manera, una obra anónima encuentre su paternidad.

Como es lógico el tema del expertizaje de las obras de arte lleva consigo no pocos problemas, y más si tenemos en cuenta que sumas espectaculares de dinero pueden entrar en juego. Un simple comentario vertido por un especialista de renombre puede elevar el valor de una determinada obra como la espuma en una subasta, o por el contrario hundir su cotización. Es decir, son muchos los intereses, por parte de especialistas, vendedores y compradores, que se encierran detrás de las polémicas, que siempre envuelven al patrimonio artístico en general.

Si el cambio de atribución, o la demostración de que nos hallamos ante una falsificación, viene avalada por un estudio científico y serio, no debemos rasgarnos las vestiduras, ni cerrarnos a la evidencia. Otra cosa es crear una polémica sin fundamentos contundentes tal como ha sucedido con estas dos obras del genial pintor aragonés, cuya autoría ha sido defendida a capa y espada, tras el escándalo desatado, por los especialistas más importantes.

Podríamos citar otras obras que se han encontrado en el ojo del mismo huracán. No hace muchos años John F. Moffitt defendió que la famosa Dama de Elche no era uno de los más destacados ejemplos del arte ibérico, sino más bien una falsificación de finales del siglo xix. Lo sorprendente es que dicha «falsificación», tal como dijeron los especialistas, estaba muy bien realizada pues incluso se puso detrás del busto un hueco del que no se pudo desvelar su funcionalidad (depositar las cenizas del difunto), hasta que tiempo después la arqueología sacó a la luz nuevas piezas y yacimientos del mundo íbero...

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