ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
De mano de la filosofía racionalista y empirista desarrollada en la Europa del siglo xvii se produce una revolución durante la centuria siguiente que acabará afectando a toda la sociedad. Nos referimos a lo que hoy conocemos por la Ilustración, movimiento cultural caracterizado por la aplicación sistemática de la «razón» como base de todo pensamiento y especulación científica, por el conocimiento adquirido por la experiencia, y por la aparición de nuevas ciencias que tienen al ser humano y a la naturaleza como objetos de estudio y de aplicación, caso de la sociología, la pedagogía, la psicología, la historia natural...
La labor desarrollada por Diderot y DAlambert en su famosa Enciclopedia, o las obras de Rousseau, Voltaire o Montesquieu entre otros, incidieron en la creación, en un principio teórica, de un nuevo orden social en el que primaba la universalidad del hombre, del conocimiento, de los derechos y libertades, frente al localismo y al privilegio de la sociedad anterior. La propia Revolución Francesa acaecida en 1789 o las guerras napoleónicas que sacudieron a toda Europa durante los últimos años del siglo xviii y primeros del xix, no pueden comprenderse sin los idearios fraguados en el denominado Siglo de las Luces.
España no fue ajena a lo que sucedía en el Continente y por ello Benito Jerónimo Feijoo, Gaspar Melchor de Jovellanos, Manuel Silvela, Leandro Fernández de Moratín, o el propio Francisco de Goya, entre otros muchos intelectuales españoles, vieron con agrado los aires que llegaban de Francia a finales del siglo xviii.
La invasión napoleónica, la Guerra de la Independencia y sus terribles consecuencias, junto a la llegada de Fernando VII, hizo que se diera fin a aquellos avances «ilustrados» conseguidos en tiempos de Fernando VI y Carlos III, y en parte presentes en la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812.
El fracaso del sueño ilustrado en España hizo que muchos intelectuales tuvieran que marcharse rumbo a Francia, entre ellos los citados Silvela, Moratín o Goya. El nacionalismo antifrancés surgido durante la guerra terminó por rechazar todo aquello que viniera de fuera, por crear una terrible fractura social que no pudo ser superada en todo el siglo xix y por sumir al país en un subdesarrollo endémico sólo superado en la segunda mitad del siglo xx.
Gran interés tiene la personalidad de Manuel Silvela. Con una gran formación en filosofía, arte y leyes, fue Alcalde de la Casa y Corte en Madrid durante la Guerra de la Independencia, por lo que tuvo que huir en 1813 al retirarse las tropas napoleónicas. En Francia formó parte de la sociedad española progresista de Burdeos, fundó un colegio y se dedicó intensamente al mundo de la pedagogía y de la literatura, y escribió su Biblioteca selecta de literatura española, entre otras obras.