ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
El Prado sigue vivo y continúa compilando piezas de inestimable valor. Donaciones, compras en subastas u obras conseguidas mediante la fórmula de pago de impuestos continúan sumando grandes tesoros al núcleo de la colección del museo. Adquisiciones como la Virgen con el Niño Jesús y San Juanito de Lucas Cranach el Viejo, Las piernas de San Sebastián del Greco, el Martirio de Santiago de Zurbarán o la recientísima compra del magnífico retrato de La Condesa de Chinchón de Goya, no son más que unos pocos ejemplos del gran número de nuevas obras de arte de primera línea que se han sumado al catálogo de nuestra primera pinacoteca.
Pero ahora nos gustaría recordar a una persona, al abogado madrileño don Manuel Villaescusa Ferrero. Fallecido en un accidente de tráfico en 1991 con 69 años de edad, dejó como heredero de sus bienes, valorados en varios miles de millones de pesetas, al Museo del Prado para que los utilizase en la compra de obras de arte. Nuevos lienzos, tablas, dibujos y grabados han sido adquiridos con máximo cuidado. El criterio seguido en la compra de las piezas ha tenido como meta principal, teniendo siempre presente la propia naturaleza e historia del Prado, el completar la colección del museo mediante obras representativas de escuelas y artistas no presentes en la pinacoteca, así como la de rellenar lagunas existentes de periodos y etapas significativas de los grandes pintores españoles.
Entre otras obras adquiridas por el Legado Villaescusa deben destacarse el Ciego tocando la zanfonía de George La Tour, la Adoración de los Reyes de Luis de Morales, la Fábula del Greco, San Juan Evangelista y San Juan Crisóstomo de Pedro de Orrente, Paseo frente al Jardín Botánico de Luis Paret y Alcázar, varios dibujos de Claudio Coello, Ribalta, Ribera, Murillo, Vicente Carducho, etc., así como un conjunto de grabados de Francisco de Goya.