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Jueves, 7 de septiembre de 2000

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Música y escena

El alhambrismo musical

Por José Ramón Ripoll

El viaje imaginario fue una de las características del artista romántico: dejaba vagar su alma por los territorios inventados, en busca de un paisaje, unos personajes y una manera de vivir que lo salvaran de la vulgaridad. Países y lugares exóticos le brindaron la oportunidad de saltar los límites de lo cotidiano.

La Alhambra granadina se constituyó en una cita privilegiada para muchos escritores y compositores europeos del siglo xix. Recordemos uno de los Preludios más hermosos de Debussy (La puerta del vino), o la segunda de sus Estampas (Soirée dans Grenade). Entre algunos autores sinfónicos españoles, el palacio nazarí se convirtió en símbolo de una manera de adornar la música. La Alhambra encerraba, no ya un pasado exclusivamente hispanoárabe, sino una Andalucía plagada de bandoleros, trabucos, gitanos, toros y flamencos, con una tradición cultural rica y desconocida, misteriosa y orientalista, que había sido despreciada hasta entonces por la historiografía oficial. Alrededor de este edificio se fue creando una estética musical y literaria que, ya pasado el tiempo de sus protagonistas, se denominó alhambrismo. En cuanto a su lenguaje y estilo, no existen unas claras características comunes entre los autores que cultivaron esta manera musical: Quizás pudiéramos resumirlas en una ornamentación de la melodía apoyada en los modos mayores y menores, una constante utilización de la cadencia andaluza y una tendencia melódica a las arquitecturas arabescas.

Cronológicamente se aplica el término de alhambrismo a las composiciones que, utilizando estos procedimientos, surgieron en la segunda mitad del siglo xix, desde la zarzuela a la música sinfónica, pasando por la canción y la música de cámara, entre las que cabe señalar los poemas sinfónicos Los gnomos de la Alhambra o Fantasía morisca, de Ruperto Chapí, En la Alhambra, de Tomás Bretón o Adiós a la Alhambra, de Jesús de Monasterio. La extensión de la palabra llegó hasta el primer cuarto del siglo xx. Compositores como Julio Gómez, Adolfo Salazar o Conrado del Campo, adecuaron la teoría estética del alhambrismo a sus obras, superando los tópicos y la retórica regional que este importante modismo pudo arrastrar.

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