Literatura
La noche era muy oscura. No corría un hálito de aire. Sofocados por la asfixia estival, el Poeta y el Pantarca habían guardado largamente silencio.
Lo rompió el Pantarca para decir:
—Rubén, divino trompo de música, juguete en las manos del Señor
Y, después:
—Cuando sientas el dolor darte vueltas, enroscándosete al cuello, Rubén, no llores: es el Señor, que te da cuerda.
Eugenio dOrs, El valle de Josafat, página 51. Edición de Ángel dOrs y Alicia García-Navarro. Madrid: Espasa-Calpe, 1998.