Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Patrimonio histórico
Martes, 23 de octubre de 2012

Rinconete

Buscar en Rinconete

PATRIMONIO HISTÓRICO

Grafitos históricos (12). Grafito sobre el muro en un lienzo de Benson

Por José Miguel Lorenzo Arribas

Demasiadas preposiciones para el título de esta entrega, pero tenía que ser así. Se le atribuye al magnífico pintor gótico flamenco Ambrosius Benson un óleo sobre lienzo que representa La Inmaculada Concepción, procedente de la iglesia parroquial de Santa María en San Llorente de Losa (Burgos), que se supone pintado hacia 1520-1540. Se le atribuye, como el centenar y medio de obras que bajo su nombre los críticos han ido reuniendo, porque con firma solo hay dos.

En este inmenso lienzo, que mide 186 x 176 cm a pesar de estar recortado, Joaquín y Ana se besan castamente, acto que engendra el nacimiento de la Virgen (por ello concebida inmaculadamente), mientras en dos tondos se representa el inmediato antecedente de los hechos según el relato de la Leyenda Dorada. El resultado se muestra en la parte superior de la tela: la Virgen con el Niño. El Árbol de Jesé parte de los dos ancianos, rodeando los tres medallones, por si quedaban dudas. Cuando tuvimos ocasión de ver el monumental lienzo, expuesto y restaurado en la edición de Las Edades del Hombre que se desarrolló en la concatedral soriana de San Pedro (2009), un detalle captó nuestra atención. Posteriormente, al ir a la ficha del catálogo se comprobó que no éramos los primeros, porque se advertía al final de la misma: «Hay que destacar particularmente el detalle del mesón ‘del Cisne’ con el tejado de caña y sus muros de madera y adobe y el simpático grafitti». Desarrollemos este breve apunte.

Efectivamente, en el fondo de la escena, a la izquierda de quien mira el cuadro, se ve una taberna. En el exterior, bajo un portiquillo de paja, tres hombres beben mientras uno, ya ebrio, duerme apoyado en la mesa. La tabernera apunta algo en un objeto (una tabla alargada dispuesta verticalmente) colgado de la pared, quizá un primitivo ábaco para no perder la cuenta de la bebida que parece hacer su efecto sobre los bebedores. La pared de la taberna consta de un zócalo de ladrillo, sobre el que se dispone una estructura de madera vista rellenada por lo que parece tapial por el color, revocada con un mortero blanquecino que en algunas partes se ha perdido. A la izquierda de la puerta y en la parte alta del muro, se advierten dos medallones. Uno, con su decoración perdida por rotura del propio revoco. El otro, con un cisne dibujado, que ha dado nombre al «establecimiento». Sobre la parte de revoco conservada, a la derecha de la puerta de entrada a la taberna, hay un grafito de apenas veinte centímetros que muestra dos figuras. La central y mayor, parece ser un soldado, representado frontal y esquemáticamente, con gorra, espada a la cintura y una bandera en la mano izquierda. Más abajo, a su derecha, el perfil de un rostro a modo de monigote, también tocado. Encima del soldado, a la izquierda, un escudo atravesado con una banda.

Me surge la duda de si dicho dibujo fue garabateado por Benson (o por alguien de su taller, que para el caso sería igual) o por alguna mano muy posterior, que decidió, lápiz en mano, dejar su impronta. Prácticamente imposible saberlo sin hacer catas en los barnices y saber sobre qué estrato se asienta «el simpático grafitti», como se califica en la ficha citada. En este último caso, si hubiera sido una mano extraña, del siglo xviii por ejemplo, quizá devaluaría el cuadro (o no, que el mercado del arte y sus críticos son muy caprichosos), pero conferiría autenticidad al grafito. Si Benson lo copió del natural o lo incluyó como un motivo más, dada la minuciosidad del pincelado de estos pintores gótico-flamencos, capaces de emplear un pincel de un pelo para reproducir el armiño que adorna la indumentaria de muchos de los augustos personajes de sus cuadros, si fue Benson, digo, sería un falso grafito, al ser premeditado y alevoso.

Sea como fuere, si alguna vez tienen oportunidad de ver el cuadro al natural y lo hacen con compañía, jueguen y pregunten a ver quién lo encuentra. Ríanse de la rana de la fachada de la Universidad de Salamanca, que los adultos tantas veces habrán fotografiado. Quizá los más peques, Wally mediante, estén más rápidos.

Ver todos los artículos de «Grafitos históricos»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es