Ciencia y técnica
Por Andrés Carrobles
La nueva ciencia geométrica: controversia científica sobre la resolución dada a la cuadratura del círculo, Barcelona: J. Romá, 1897, que puede consultarse en línea en el catálogo de la BNE, recoge una larga y apasionada polémica mantenida por el cuadrador José Fola Igúrbide (π = 3,14213562) y el padre escolapio Eduardo Llanas, por un lado, frente a los catedráticos de matemáticas José Doménech, Lauro Clariana y Miguel Marzal, por otro. Los primeros artículos proceden del Diario de Barcelona y, a partir de ahí, quizá debido al cansancio de los editores, la pelea se va desplazando de periódico en periódico: primero a La Publicidad, luego a La Vanguardia y por fin al Diario Mercantil, en tanto se suceden, sin prisa, las colaboraciones de Llanas desde La Academia Calasancia.
El escolapio es quien, de modo involuntario, inicia la pelea cuando escribe una elogiosa reseña del trabajo de Fola, que para probar la cuadratura había utilizado las propiedades del octógono y su relación con el círculo; a partir de ahí, contesta Doménech lamentando que el respetable padre haya dado alas a una obra «completamente faltada de sentido filosófico ni matemático», de modo que redacta una breve nota con el propósito de mostrar al público «los absurdos en que se funda el científico en cuestión» (la cursiva no es mía, obviamente). A partir de ahí, Fola contraataca llamando a Doménech «señor catedrático», y este describe al cuadrador como un «extraviado autor», y de nuevo Fola contesta pidiendo urbanidad a su rival («Usted, Sr. Doménech, está sobrexcitado, violento, nervioso; se le ha subido el postulado de Euclides a la cabeza. Tranquilícese»). Poco a poco entrarán en juego más personajes, conforme los contrincantes de Fola se vayan retirando, y alcanzaremos momentos muy divertidos, como esta alusión de Fola al «pésimo gusto literario» de los ataques de Clariana, a quien recuerda que «todo escritor se debe al público»:
Hasta en los combates de vida o muerte más profundos y enconados, [el público] prefiere siempre la estocada florentina, con daga de Damasco, a la cuchillada, a estilo tabernario, con navaja de Albacete. Yo, por temperamento, por educación literaria, no desciendo jamás a ciertos terrenos y prefiero, para herir, la espada de Toledo a estilo puro castellano.
Y es verdad que, en cierto momento, el catedrático Marzal reconocía que la ley de solidaridad geométrica defendida por Fola encerraba, pese a su falsedad, cierta belleza. Pero una belleza peligrosa, porque, por mucho que Llamas y otros autores se hubieran encariñado con ella, «no siempre lo bello es lo verdadero». A partir de ahí, para qué queremos más: la discusión se va por otro camino, empezamos con las citas, Fola escribe el breve ensayo «La belleza en la Geometría» y les pregunta a sus rivales si no están subyugados ante tanta hermosura. Poco a poco, los profesores enmudecen. Y apenas un par de años después, el propio Fola reconocerá algunos de sus errores en una nueva obra: Teoría trascendental de la evolución del círculo.
Porque tal vez convenga aclarar, llegados a este punto, que José Fola Igúrbide escribió mucho más que su Nueva ciencia geométrica. Para empezar, fue un prolífico dramaturgo, autor de piezas sobre Giordano Bruno, Joaquín Costa o Zola y el caso Dreyfus. Jesús María Barrajón define sus piezas literarias como un «cóctel de pedagogía, melodrama y romanticismo»; el argumento de muchas de ellas «gira en torno a la necesidad de transformar el mundo a partir del ideal cristiano de la fraternidad y de la solidaridad». Basten el título y los últimos versos de su obra El mundo que nace: «El socialismo abrazado / a la cruz. ¡Hosanna…! ¡Hosanna…!».
Pero Fola también es autor de unas Revelaciones científicas que comprenden a todos los conocimientos humanos: una obra filosófico-espiritual donde nuestro cuadrador —cuya fotografía aparece en la cubierta, con calva y perilla a lo Lenin— cita a Tolstoi y a Proudhon y habla de luz, armonía, naturaleza, temperamento, vida y caos. O de La poesía moderna. Libro escrito expresamente para los niños que aspiran a ser hombres. O, más tarde, de un ensayo sobre la Revolución de las ideas en el arte, la ciencia y la filosofía y de un pequeño manual sobre el actor.
Hay en la enciclopedia Espasa una pequeña entrada sobre José Fola Igúrbide que incluye la citada foto leniniana. Entre sus obras, figura allí un inquietante Origen del mal (1912). En cuanto a La nueva ciencia geométrica, la enciclopedia se la atribuye a un tal Apolinar Fola Igúrbide, matemático, capitán y miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de quien «Echegaray dijo que se había adelantado en un siglo al publicar sus obras». El texto no aclara si José y Apolinar fueron hermanos.
Vicent Gual incluye al cuadrador en su lista de militares masones castellonenses.
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