CULTURA Y TRADICIONES
Por Concepción Bados Ciria
Conocida con el sobrenombre de La Corregidora, debido al puesto de corregidor ocupado por su esposo, Miguel Domínguez, en Querétaro, Josefa Ortiz Girón es hoy día aceptada como heroína independentista por su actuación en el «grito de Dolores», pronunciado por Miguel Hidalgo y Costilla el 16 de septiembre de 1810, hecho con el cual se inició el movimiento de independencia en México. No obstante, el historiador Carlos María Bustamante, en su obra Cuadro histórico de la revolución mexicana de 1810, publicada entre 1821 y 1827, minimiza la actuación de Josefa Ortiz, señalando que en la conspiración septembrina de Querétaro se detuvo al corregidor del lugar y también a su esposa, «a la que el alcalde condujo a su casa para tomarle declaración y después la trasladó al convento de Santa Clara, a pesar de que se hallaba grávida».1
Lo cierto es que Josefa Ortiz desafió a su marido, Miguel Domínguez, y al propio virrey al celebrar tertulias a las que acudía, entre otros, el escritor José Joaquín Fernández de Lizardi. En 1810, Ortiz, que en ese momento estaba encerrada en su casa por orden de su marido, oyó por casualidad que los conspiradores habían sido descubiertos; por iniciativa propia, envió un mensaje a Ignacio Allende advirtiéndole del peligro que corría la insurgencia. Un acto tan atrevido y audaz la llevó a la cárcel durante cuatro años.2
Tras la proclamación de la Independencia, el 18 de mayo de 1822, Agustín Iturbide se invistió emperador de México y ofreció a Josefa un puesto en su corte, pero ella lo consideró inaceptable y renunció a ocuparlo, ya que pensaba que la constitución de un imperio era totalmente contraria a los ideales por los que ella había luchado. En los últimos años de su vida Josefa Ortiz estuvo relacionada con los grupos liberales de carácter radical. En todo momento se negó a recibir cualquier recompensa por el apoyo inestimable que había prestado a la consecución de la Independencia, ya que opinaba que no había hecho más que cumplir con su deber de buena patriota.
Falleció en México D. F. el 2 de marzo de 1829, a la edad de sesenta y un años. Sus restos fueron enterrados en el convento de Santa Catalina, aunque algún tiempo después fueron trasladados a Querétaro, donde reposan junto a los de su marido, en el panteón de queretanos ilustres, en un mausoleo construido en su honor en 1847, en el antiguo huerto del convento de la Cruz.
Su estatua está erigida en la Plaza de Santo Domingo, en Ciudad de México, y cada septiembre su imagen aparece junto a las de Hidalgo, Allende, Morelos y Guerrero en las celebraciones patrióticas. En 1878 el Congreso de Querétaro declaró a Josefa Ortiz de Domínguez «Benemérita de la Patria» y dispuso que su nombre quedara grabado en letras de oro en el Salón de Sesiones del Congreso.
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