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Viernes, 30 de octubre de 2009

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Cine y televisión

La noche de los girasoles

Por Llanos Navarro García

Angosto es el título original de esta película de Jorge Sánchez-Cabezudo. Y angosto, como la gruta que desencadena y culmina los acontecimientos narrados, es el desarrollo de una trama que debe la mayor parte de su interés a una técnica narrativa tan complicada como limpiamente ejecutada. La noche de los girasoles nos cuenta una historia que podría integrarse fácilmente en la crónica de sucesos que ocupa cada vez un espacio mayor en los noticiarios, hecha a base de una serie de actos violentos, en una macabra sucesión causal, que modificará en un instante la trayectoria vital de unos personajes que no han elegido una situación rechazada por casi todos intensa e inútilmente.

Y es que el hilo conductor de toda la película es un simple, aunque terrible, suceso desarrollado tan sólo en unas horas, las últimas de la tarde maldita en que la preciosa Gabi logra zafarse, en el monte donde espera a su novio, de un violador cuya crueldad la incapacita momentáneamente para pensar con lucidez. A partir de ahí, el pánico nacido de la humillación provoca el desahogo incontrolado de la ira de Esteban, la cual, a su vez, precipitará unos acontecimientos que sin dificultad podrían resumirse en un par de líneas. Sin embargo, no es sólo esto lo que el director nos quiere contar, sino que su interés incluye muy significativamente la exploración del mundo interior de los diferentes personajes que participan, directa o indirectamente, de las causas o consecuencias del trágico suceso. Para ello elige una superposición de episodios «independientes», cada uno de los cuales es protagonizado por un personaje distinto, que aparecerá en los demás capítulos en un discreto segundo plano. Así se crea un juego de perspectivas que enriquece una anécdota que de otra forma quizá no pasaría de serlo, de modo que los respectivos protagonistas no sólo nos muestran el devenir de los acontecimientos desde distintos ángulos, sino que aportan un valor esencial a la película, distinguiéndola de otras en las que el único interés del espectador se centra en la evolución y desenlace de unos hechos concretos, pues aportan su historia personal, sus aspiraciones y frustraciones vitales dejando paso franco a sus intimidades a un espectador que acabará conociendo los anhelos de huida sin coraje del guardia civil corrupto, la honestidad vulnerable del padre que elige proteger a su desventurada hija, la soledad sin límites de Amós y de su vecino muerto, cuya íntima enemistad no podrá compensar con los bienes obtenidos a partir del suceso…

Y lo más inquietante: el giro trascendente que experimenta en un instante la vida de Esteban, Gabi y Pedro, los espeleólogos, que se han convertido irremediablemente en corruptos, cómplices y asesinos, por su empeño en no permitir que la vida les robe el sosiego. Y el personaje desencadenante de la tragedia, el violador, cuyo único castigo será la amenaza inminente del castigo.

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