Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 27 de octubre de 2009

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

El salvamento del Museo del Prado (IV). Protección y restauración

Por Susana Calvo Capilla

Tras cerrar sus puertas el 30 de agosto de 1936, el Museo del Prado se preparó para afrontar la guerra.

El Gobierno y la Junta de Defensa de Madrid tomaron toda clase de medidas para protegerlo de los proyectiles incendiarios y explosivos que caían sobre Madrid desde el inicio de la contienda: los cuadros se bajaron a los sótanos y las partes más débiles del edificio se reforzaron y se cubrieron con sacos terreros; se tapiaron las ventanas o se pusieron parapetos de madera; se repartieron metros de mangueras en la galería central y se hicieron cortafuegos metálicos; se puso un destacamento de bomberos y una brigada de guardia que vigilaban el museo las 24 horas del día; y, después de cada bombardeo, se cerraban los boquetes abiertos.

Pero todo resultaba insuficiente ante la evidencia: museos, bibliotecas, archivos y palacios de Madrid eran objetivos de los aviones franquistas. Aunque los responsables del Prado rechazaban el traslado de los cuadros a Valencia por lo arriesgado del viaje, el ambiente bélico se agravaba por momentos y las condiciones de conservación en un edificio carente de calefacción y de cristales eran muy precarias, máxime teniendo en cuenta los rigores del invierno madrileño. Todo ello justificaba y hasta aconsejaba la evacuación. Como se vería a lo largo de los meses sucesivos, el transporte de los lienzos fue una tarea compleja y peligrosa, y el número de obras que había que evacuar, enorme.

En el proceso fue vital el trabajo de los responsables y de los restauradores del museo; éstos realizaron detallados informes, a menudo ignorados, para demorar la salida de los más frágiles, al tiempo que aplicaban a los cuadros medidas de conservación preventiva que, en muchos casos, los salvaron de irremediables daños. Lograron incluso que algunos nunca viajaran, como fue el caso de La Anunciación de Fra Angélico, El Pasmo de Sicilia de Rafael y las Pinturas Negras de Goya. Los primeros envíos del museo tuvieron lugar en noviembre y diciembre de 1936 y en ellos figuraba este Retrato ecuestre del Conde-Duque de Olivares, pintado para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro hacia 1634-1635. A pesar de la precariedad del embalaje que los protegía, los daños fueron, milagrosamente, menores. Este Retrato del Conde-Duque se mojó en el camino y hubo de ser restaurado en Valencia. Con ese propósito salieron de Madrid, de los talleres del Museo del Prado, un restaurador, Manuel de Arpe, y un forrador, Tomás Pérez, que ya no se separarían de las pinturas del Museo hasta la vuelta de éstas a España en 1939. En el mes de enero ambos arreglaron el lienzo de Velázquez, cuyo barniz se había disuelto a causa del agua y cuyo forro se había desprendido y formado bolsas, según detalla el propio Manuel de Arpe en una memoria que escribió en 1949.

Ver todos los artículos de «El salvamento del Museo del Prado»

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es