ARTE / Claroscuro
Por Laura Rodríguez Peinado
La empresa escultórica que desarrolló Leone Leoni para Carlos V tuvo ante todo un sentido político y así lo concebía el emperador, que no mostró tanto interés por la escultura como por la pintura. La relación entre el artista y su mecenas se produjo en torno a 1545, cuando el escultor entró al servicio del césar. Hasta entonces había destacado como orfebre y medallista y su sueño de practicar la escultura se hizo realidad con la serie de retratos reales que le fueron encargados, los cuales llevó a cabo con su hijo Pompeo, formado con él. Leone fue nombrado escultor del emperador, de quien recibió el título de caballero, y trabajó para él y para su hermana María de Hungría en su taller de Milán. Su hijo Pompeo acompañó al emperador en su último viaje a España, en 1556, y se ocupó de la terminación de los retratos reales encargados a su padre y de nuevas obras que le permitieron comenzar una actividad artística independiente.
Los Leoni practicaron un arte áulico de excelente calidad y virtuosismo técnico, tratando las superficies de las esculturas con una minuciosidad y precisión propias de su formación como orfebres y medallistas. Aunque destacaron como broncistas, sus obras de mármol son de gran delicadeza, con modelado suave y un depurado estudio de la incidencia de la luz sobre las superficies.
Leone (1509-1590) y Pompeo (1533-1608) Leoni: Relieve de Carlos V (detalle).
Mármol de Carrara, 156 x 130 cm
Núm. de inventario: E-291
Los relieves de Carlos V y de la emperatriz Isabel fueron realizados por Leone en colaboración con su hijo Pompeo. Se encuadran en marcos marmóreos profusamente decorados con cariátides que sostienen un entablamento rematado en frontón semicircular. La decoración es abundante, con guirnaldas frutales que surgen de la boca de una máscara sita en el centro de la cornisa y se extienden por los laterales, un águila con las alas desplegadas en el centro del frontón, delfines a sus pies y, en los lados, animales fantásticos, cuyos cuerpos rematan en formas vegetales creando unos elegantes grutescos. No son idénticos los marcos que contienen ambos retratos; se observan diferencias no solo en las figuras de las cariátides, seguramente alegorías para ensalzar las cualidades de los retratados, sino en la expresión de las máscaras que centran la cornisa y los grutescos del frontón. La decoración de estos marcos, con una composición claramente renacentista, deja patente su conocimiento del arte de la Antigüedad.
Leone (1509-1590) y Pompeo (1533-1608) Leoni: Relieve de la emperatriz Isabel (detalle).
Mármol de Carrara, 153 x 132 cm
Núm. de inventario: E-269
Los retratos regios son bustos de perfil, en los que el emperador mira a la izquierda y la emperatriz a la derecha. Sobre un fondo liso, ofrecen un tratamiento medallístico con relieve poco pronunciado, y en ellos destacan su equilibrio y su belleza formal. El emperador luce sobre la coraza una banda y el Toisón de Oro, y sobre la hombrera derecha se distingue un medallón oval con Cristo portando la cruz. Su modelo fue una medalla que el escultor había hecho en Venecia a partir de un retrato de Tiziano. La emperatriz, que murió en 1539, viste un traje ricamente bordado, muy profuso en su factura, el mismo con el que la representa en otros retratos, sobre el que luce una joya que pende en su pecho, para la que utilizó como modelo una medalla que había realizado en 1544, partiendo de un lienzo de Tiziano hecho, a su vez, a partir de un camafeo que actualmente se conserva en el Museo del Prado (inv. 415).
Estos relieves decoraron el Jardín del Rey del palacio de Aranjuez, tras la remodelación llevada a cabo por mandato de Felipe IV en 1623, donde flanqueaban un retrato de Felipe II; completaban la decoración estatuas de los doce césares y una del rey reinante, que dotaban al espacio de un sentido político-dinástico que pretendía entroncar a los Austrias españoles con los césares, de los que se sentían herederos.