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Viernes, 24 de octubre de 2008

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Música y escena

La música en Minas Gerais

Por Ricardo Bellés

A un profesor de música de Minas Gerais, se le aplica un antiguo proverbio que dice: «El “Mineiro” sabe dos cosas muy bien, solfear y latín». Y es que desde los primeros datos históricos que se tienen —hacia 1716— sobre la interpretación de la música religiosa artística, se indica que siempre prevaleció la homofonía, en la que se empleaban tanto el canto gregoriano, como coros a capella. Como es sabido, la mujer no podía manifestarse en la Iglesia: «Mulier in silentio discat cum omnia subjectione», por lo que las voces de soprano y contralto eran interpretadas por hombres en falsete y se colocaban también dos sopraninos para mantener el volumen de voz de un adulto.

A Minas Gerais nunca llegaron castrados. Hasta mediados del siglo xix, el cantor de ese lugar brasileño era famoso por la belleza de su voz y su ajustada interpretación. Los grupos de cámara estaban formados por cuatro voces solistas, mixtas, con acompañamiento de pocos instrumentos de cuerda, empleándose flautas, oboes, fagotes, clave y órgano. Hacia el año 1774 el clarinete encontró su lugar en el conjunto de cámara. En las celebraciones de una festividad mayor, se doblaba tanto el instrumental como las voces, triplicándose muy pocas veces y llegando a cuadruplicarse en una sola ocasión; el número mayor de instrumentos y voces empleados que se llegó a alcanzar fue de 37, pero aún en semejante «coro» a cuatro voces mixtas, en total 16, se mantuvo la apoyatura breve, una prueba por demás evidente de la disciplina excepcional que reinó en el sector vocal.

La actividad musical durante el período áureo de Minas Gerais fue de las más importantes que se conocen; de un informe suministrado al rey José I por medio de un emisario enviado a Minas Gerais, sobre la actividad musical, entresacamos lo siguiente: «De aquellos mulatos que no son totalmente ociosos, muchos se dedican a la música y de ellos hay tantos que sobrepasan lejos a los músicos que se hallan en el Reino».

Queda confirmado que el ejercicio de la música se hallaba en las voces y las manos de mulatos y que la actividad musical fue considerada mucho más intensa en Minas Gerais que en Portugal; la diversidad de sus iglesias y catedrales lució una música cuantitativa y cualitativamente soberbia y que desde los tiempos de Joao V, la pasión por la ópera había permitido la traída de un considerable número de instrumentistas, cantores y compositores de Nápoles.

La actividad musical artística en Minas Gerais, fue la mayor de todas las manifestaciones de los genios que en esa tierra crecieron, bajo el denominador común del avasallante barroco latinoamericano.

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