LITERATURA
Por Luis Alonso Girgado
Dos escritores mexicanos acaban de presentar sendos e interesantes libros de cuentos que satisfarán, sin duda, a los amantes del género. Se trata de Pétalos (2008), de Guadalupe Nettel, que acertó con El huésped, su primera novela, y Los culpables (2008), de Juan Villoro, figura indiscutible de la actual narrativa de su país.
Encabezado con una cita (nada ociosa) de Mario Bellatin, Pétalos reúne seis extrañas narraciones marcadas por insólitos extrañamientos en anécdotas y personajes. Son seis fábulas que nos llevan a vértigos mortales, a hábitos obsesivos, a conductas autodestructivas siempre con el soporte de personajes que son voyeurs, perseguidores, maníacos olfativos, clientes de psicoanalista, rastreadores de lo escatológico, solitarios enfermizos, adictos o compulsivos; en ellos, la apariencia externa para nada revela su devastación mental, su neurosis, su incomunicación, sus sensaciones de asco y repulsión o sumisión frente a los otros. Con un estilo dotado de plena claridad y ceñida sencillez, Guadalupe Nettel traza a modo de procesos, de situaciones evolutivas los casos que, centrados en una andadura fragmentaria de un personaje, aquí se nos ofrecen.
Como un buceo en zonas subliminales del ser humano, como tentativas de exploración en seres zarandeados por turbaciones y paranoias, como búsqueda de nuevos motivos narrativos puede interpretarse este Pétalos revelador de trágicas y dolorosas fragilidades del ser; del peso irracional y desviado de ciertas conductas y de nuevos y no poco sorprendentes puntos de vista que ven, a bien distinta luz, tramos del mundo y del hombre que todavía pueden sorprendernos en manos de escritores con talento imaginativo. Algo que Guadalupe Nettel posee en alto grado.
Como un mago juguetón, irreverente, Juan Villoro va sacando de su chistera —en este Los culpables (2008)— historias dominadas por categorías como lo grotesco y absurdo, por personajes desquiciados (mariachis, actorzuelos y cineastas tronados, gringos, poetas de juegos florales, futbolistas), imparables charlatanes que parecen pasar por cámaras ultrarrápidas con constantes intrusiones de un agresivo irracionalismo. Todo fluye, en fin, desvencijado y fugaz, gratuitamente cambiante, fruto de unas mentes tan inestables como inquietantes. Siete relatos, siete (seis breves, uno largo) exponentes de mínimos cosmos de ficción configurados como amasijos de materiales entre tópicos y refinados, diseminados por disímiles (mexicanas o exóticas) geografías, entre míticos fetiches made in USA y constantes guiños cinematográficos. Todo, en suma, pura y paranoica —divertida, surrealista— invención. Un incansable y velocísimo alarde de piruetas imaginativas distorsionadas y caotizadas al extremo.
(1) Publicado en Nordesia, Diario de Ferrol, 4 de mayo de 2008. ^