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Martes, 21 de octubre de 2008

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Arte / Claroscuro

Dacio

Por Marta Poza Yagüe

En el centro de Roma se alza hoy aún la Columna Trajana (113 d. C.), una monumental columna de 38 metros de altura (cien pies romanos), recorrida por una cinta relivaria narrativa que, en desarrollo envolvente, muestra en sus más de 2500 figuras escenas de guerra, asaltos a ciudades, marchas militares, desfiles, sacrificios de prisioneros…, cuyo fin era el de conmemorar el gran éxito militar del emperador Trajano: sus victorias en las dos Guerras Dácicas.

Ilustración. Escultura romana (ca. 120-130 d. C.): «Dacio del Foro de Trajano» (detalle)

Escultura romana (ca. 120-130 d. C.): Dacio del Foro de Trajano (detalle)
Cabeza de mármol gris oscuro y busto de mármol blanco veteado, 75 cm de altura Núm. de inventario: E-387

Significativo debió de ser, sin duda, el episodio bélico para el Imperio, dado que, tras la muerte del gobernante, sus sucesores decidieron depositar sus cenizas en el pedestal de la propia columna, encerradas en una urna de oro. Dacia, ubicada sobre el solar de la actual Rumania, era un territorio codiciado por Roma entre otras razones por la abundancia de oro de sus afamadas minas. Aliada de la gran metrópoli desde época de Augusto, el panorama cambia a finales del siglo i d. C. cuando asciende al poder el carismático y belicoso caudillo Decébalo, quien inicia una política exterior hostil a Roma. Por ello, entre el 101-102 y el 105-106 d. C., Trajano capitaneará dos campañas militares que culminarán con la toma de la capital dacia, Sarmizegetusa, y con el suicidio de Decébalo para evitar ser capturado. Dacia pasó de ser nación aliada a formar parte oficial del Imperio y, para celebrarlo, Trajano ordenó un total de 123 días de festejos. También fueron parte fundamental en el esquema decorativo del Foro de Trajano (a partir del 117 d. C.) representaciones de los habitantes dacios, cuyas efigies discurrían por el ático que coronaba los soportales de los dos lados mayores de la plaza. Esta ha sido la procedencia defendida por los investigadores para la cabeza de un personaje conservado entre las colecciones de estatuaria clásica del Prado. Tocado por un gorro frigio cuya ancha punta se pliega hacia delante, sorprende por la fuerza de la expresión transmitida por su rostro. Serio, con los labios apretados y el poblado entrecejo contraído, es la imagen de la resignación del vencido que, no por ello, pierde un ápice de dignidad. Le enmarcan el rostro bigote y cuidada barba trabajada en mechones ligeramente ondulados, mientras que el cabello, a partir de una raya central, cae liso bajo el tocado y hasta cubrir la nuca. Sobre los hombros, aún se perciben los restos de un manto de grueso material rematado en flecos.

Como el resto de sus compañeros en el Foro, lo perdido de la escultura nos presentaría un personaje en pie, cautivo pero no encadenado, con las manos cruzadas en la parte inferior del cuerpo.

Sobre su cronología, asignar un tiempo prudencial para realizar todos los trabajos edilicios y decorativos de un espacio como el Foro de Trajano, el mayor de Roma, así como cierta idealización propia de los retratos de época hadrianea temprana, son factores que han llevado a los especialistas a fechar la pieza hacia los años 120-130 d. C.

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