Música y escena
Por Ricardo Bellés
El folclore empieza a ser materia de estudio en diferentes países, hacia el siglo xix gracias a fundaciones como las Sociedades de Folclore. La de Londres, en 1878, recoge la tradición de esta materia, bautizada por el arqueólogo y anticuario William John Thoms con el nombre de folklore. En Venezuela, a principios del siglo xx (desde 1903) se encuentran buenas recopilaciones de cantas llaneras, debidas a Carlos González Bona (1837-1911). Otro recopilador fue José Eustaquio Machado, que agregó en su segunda edición del Cancionero popular venezolano, del año 1922, un suplemento con cinco melodías: «La Perica», «El Humo», «La Pava», «El Cambao» y «La Cochina», piezas muy conocidas desde el siglo xix. El que fuera gran concertista de guitarra, Alirio Díaz, le pidió a Vicente Emilio Sojo, que armonizara para la difusión en «concierto» algunas piezas del folclore venezolano, pero, aunque Sojo eligiera las que le impresionaron por su mayor calidad, es de notar la falta de unidad que ofrecían dichas piezas.
La armonización de las composiciones folclóricas fue la primera forma que se utilizó para su difusión en conciertos. Cabe anotar que la distinción que existe entre «folclore» o «popular» está en que el músico «folk» es el que interpreta la música folclórica transmitida y aprendida en forma oral, anónima. En cambio, se llama música popular a la que tiene autor, se ajuste o no a cánones tradicionales.
La primera obra musical venezolana bien conocida, inspirada en el folclore musical, es de Sebastián Díaz Peña, quien publicó en 1877 su Maricela. Por entonces los compositores incorporaron al vals diseños rítmicos del joropo, elementos del seis por ocho de algunos bailes españoles o nativos del tipo del zapateado.
El vals llegó a Venezuela en la primera mitad del siglo xix y se venezolanizó con compositores de la segunda mitad del siglo xx. Este tipo de vals que se transmite oralmente y se presenta con variantes, puede ser popular o folclórico, antiguo o anónimo.
La guasa es un baile afrovenezolano, antecesor del merengue, que surgió a principios del siglo xx y lleva alternancia de tema y estribillo a cargo del coro. La guasa, lo mismo que la danza-merengue y el merengue, proviene de una fuente común: la danza cubana.
Joropo es el nombre que incuestionablemente define la esencia de un aire netamente venezolano; su nombre se aplicó primeramente a la fiesta en la que se baila, en sustitución de la palabra fandango; luego se llamó joropo al baile y finalmente a la música. En el joropo se designan sus melodías, ritmo y armonía, con los nombres de corrido, pasaje y golpe. Desde fines del siglo xix, los bailes de salón terminan con un joropo. Un dato curioso es que el popular joropo con el título Alma llanera, proviene de una zarzuela con el mismo nombre que se estrenó el 19 de septiembre de 1914.