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Martes, 7 de octubre de 2008

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Literatura

Margo Glantz, en lo breve

Por Luis Alonso Girgado1

Hay, sin duda, escritores por los que pasamos sin que ellos pasen por nosotros. En mi experiencia de lector, la mexicana Margo Glantz es uno de esos casos. Ahora, con la lectura de su Saña (2007), intento corregir tal situación que nunca es buena, sobre todo cuando se tiene la intuición de que el escritor es ciertamente importante, y lo es esta descendiente de familia judeo-ucraniana que goza de alto prestigio dentro y fuera de México (donde nacía en 1930) como intelectual y escritora, faceta, esta última, en la que destaca como narradora y ensayista: desde Las mil y una calorías (1978) hasta Síndrome de naufragios (1984), Apariciones (1996) o El rastro (2002), novelas, hasta los cuentos de Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador (2005), de agotador título, se extiende su carrera de narradora. Digámoslo al vuelo: calzado y vestimenta alimentan el fetichismo de doña Margo, como se evidencia, de nuevo, en Saña, donde encontramos otros de sus motivos recurrentes: el viaje (la ciudad de Benarés, en la India es meta una y otra vez), el descubrimiento de América (los asombros de Colón) y el ancho mundo de las letras y las artes: Rimbaud (no como escritor), Primo Levi, Domenico Scarlatti, F. Bacon, Spencer son nombres que circulan asiduamente por estas páginas inspiradas a veces en lecturas, a veces en viajes y, en muchas ocasiones, en visitas a museos (neoyorkinos, preferentemente), que parecen muy del gusto de esta curiosa y comprometida cronista de la modernidad a quien lo más disímil parece tentar e interesar: desde el holocausto judío simbolizado en Auschwitz hasta el ceremonial decorativista envuelto en el lujoso papel cuché de ciertas revistas (no exento de algunos crueles trasfondos) del mundo de las pasarelas de la moda y sus encumbradas oficiantes.

Saña es, por cierto, una colectánea de escritos o textos breves (desde la línea y media hasta algo más de dos páginas) en donde el logro se alterna con el intento a través de una panorámica de miradas a la condición humana, a la historia del mundo y de la cultura, a las no pocas degradaciones y aberraciones del ser humano a lo largo del tiempo; del tiempo, que es acaso uno de los grandes protagonistas de escritos como éstos, acomodados en buena medida al escueto título del libro (del que la ilustración de portada no es mala metáfora) y, también en buena medida, materia curiosa, de asombro, de vergüenza o de horror. Una prosa dotada de culta finura, profusa en referencias, alusiones y erudiciones curiosas, de bien trabada andadura sintáctica y significante palabra es feliz vehículo expresivo de esta Saña en la que, entre consideraciones y observaciones personales y puntuales, la escritora se ha decidido por una óptica de lo implícito y lo tácito, por una contención que recorta el texto y deja su mensaje e interpretación al lector sin dogmatismos ni maniqueísmos. Libro híbrido en lo que hace a su género, Saña encierra siempre alguna sugestión, alguna invitación, algún enfrentamiento de quien escribe para quien lee tras la cortante ruptura del final de sus escritos, algunos dotados de cierta sentenciosidad última y casi todos tocados de una actitud crítica, de disentimiento, de denuncia que ya el mismo mecanismo enunciador de los títulos contiene. Conocimiento, inteligencia y buen decir son aquí una amalgama perfecta con la imagen interior de la escritora en constante primer plano. Se titula Saña y Margo Glantz lo ha escrito, acaso como «mea culpa» colectivo. Acaso.

  • (1) Publicado en Nordesía. Diario de Ferrol, 3 de febrero de 2008. volver
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