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Martes, 16 de octubre de 2007

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Arte / Claroscuro

Francisco Rizzi, pintor del Barroco

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Se trata de un magnífico cuadro de Francisco Rizzi, pintor madrileño de gran calidad. El origen de su familia es italiano, en particular de Ancona, de donde procedía su padre, Antonio. Vinculado técnicamente con el grupo de pintores que se formó con Vicente Carducho, entre sus cualidades está la de haber aprendido la técnica del buen fresco de la mano de los maestros italianos llegados a la corte de Felipe IV, Mitelli y Colonna, técnica que no acababa de alcanzar el protagonismo artístico que por ejemplo en Italia había logrado.

Ilustración. Francisco Rizzi (1614-1685): «Santa Inés» (detalle)

Francisco Rizzi (1614-1685): Santa Inés (detalle)
Lienzo, 96 x 41 cm
Núm. de inventario: 7637

Sus dotes le brindaron el título de pintor de Corte de la mano del propio monarca en 1653. Trabajó intensamente en el Buen Retiro, en las escenografías teatrales, en la pintura decorativa barroca y fue responsable de la formación de un importante grupo de artistas que brillaron con luz propia en las últimas décadas del siglo xvii entre los que sobresalió Claudio Coello. El propio carácter de su pintura, vinculada en un porcentaje muy elevado a empresas efímeras, aunque de gran calidad, como son el teatro, la fiesta, las entradas triunfales, etc., ha hecho que no conozcamos en su totalidad la verdadera dimensión de su arte. Cuando hoy tornamos nuestra mirada al Siglo de Oro, siempre nos deslumbra la pintura y la literatura, pero hubo mucho más. El «Barroco» entendido como arte de la persuasión y de la toma de conciencia del poder que tiene la imagen como transmisora de los más complejos mensajes, hoy se nos presenta en gran medida mudo. Los mejores artistas del momento fueron requeridos para intervenir en volátiles empresas de las que apenas quedaría nada, salvo el recuerdo de su efímero esplendor.

Entradas reales, celebración de justas, las grandes celebraciones litúrgicas, el teatro, la jura de herederos, la instalación de catafalcos, la muerte del monarca, la beatificación y santificación de hombres de la patria, el triunfo del catolicismo frente al protestantismo, la creación de nuevas órdenes monásticas, las victorias en el campo de batalla, la organización de escenarios para firmar tratados de paz, etcétera, etcétera, fueron envueltos con el color de los más elevados pintores, con las palabras de los más esclarecidos escritores y con las notas de los músicos más reconocidos.

Ilustración. Francisco Rizzi (1614-1685): «San Antonio Abad» (detalle)

Francisco Rizzi (1614-1685): San Antonio Abad (detalle)
Lienzo, 96 x 41 cm Núm. de inventario: 7636

No sólo se utilizaron iglesias, teatros y coliseos, pues la calle fue tomada por pinceles, poesías e instrumentos musicales.  Posiblemente en pocas ocasiones se haya conseguido una unidad mayor de las artes (pintura, escultura, arquitectura, música, literatura, emblemática, etcétera) en las que el pueblo se convirtió en verdadero protagonista activo. Difícilmente antes se tuvo verdadera conciencia del valor persuasivo y convincente del arte. El arte se convirtió en la artillería más inteligente de manipulación, imposición y expresión de formas de pensar, vivir y creer. Entre los temas que más éxito tuvieron durante el Barroco, en pleno ambiente contrarreformista estuvo el de ponderar y ensalzar al máximo a los santos y mártires, cuya vida quería ponerse como ejemplo a seguir. Aquí observamos a Santa Inés con su cordero, que simboliza su pureza. Se ha puesto en relación este lienzo con otro del propio Museo del Prado en el que se presenta a San Antonio Abad por poder pertenecer ambos a las calles laterales de un pequeño retablo de la Orden de los Agustinos, al que igualmente pertenecerían las tablas de Santa Catalina y San Agustín conservadas en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.

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