Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 25 de octubre de 2005

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Flos sanctorum

Por Marta Poza Yagüe

El Diccionario de la Real Academia Española define el término hagiografía como «historia de las vidas de los santos»; es, entonces, el hagiógrafo el literato que se encarga de compendiarlas y relatarlas. A esta labor es a la que dedicó gran parte de su vida el protagonista de nuestro cuadro.

Alonso de Villegas, escritor y teólogo castellano, nació en Toledo en 1534, ciudad en la que también debió de morir en fecha posterior a 1615. Aún a su época de estudiante pertenece la obra que le ha dado mayor fama universal, la Comedia Selvagia (1554), especie de Celestina en cinco actos «en que se introduzen los amores de un cavallero llamado Selvago con una ilustre dama dicha Isabel, efectuados por Dolosina, alcahueta famosa», tal y como anuncia el propio autor al comienzo de la trama. Compartiendo muchos de los tópicos comunes a las comedias de enredo y a las novelas de capa y espada, forman parte del argumento episodios como las conversaciones galantes a través de la ventana, las parejas de enamorados, las confusiones de identidad entre unas damas y otras o los casamientos clandestinos.

Sin embargo, su futura carrera como eclesiástico le alejará de esta temática amorosa y desenfadada. Nombrado capellán de la conocida como Capilla mozárabe de la catedral de Toledo, redactará, aproximadamente entre 1578 y 1600, la mayor colección de vidas de santos existente en lengua castellana: el Flos Sanctorum. Sus cinco volúmenes, aunque criticados a menudo por falta de rigor histórico, recogen páginas de gran belleza en las que se van sucediendo las piadosas y milagreras existencias de Cristo, la Virgen María, los miembros del Colegio Apostólico, las vírgenes, los mártires y todos aquellos santos que forman la Corte Celestial, cuyas devotas vidas se proponen a los fieles del momento como el mejor ejemplo a seguir si se quiere alcanzar en el futuro la Vida Eterna.

En oración ante la Sagrada Familia, recibiendo la bendición que le imparte el Niño Dios desde el regazo de su Madre, es como nos ha representado el pintor Blas de Prado al Maestro Villegas. Vestido con la sotana negra propia de su condición sacerdotal, el marcado realismo de su rostro, en contraste con la belleza idealizada del resto de sus acompañantes sacros, sugieren la posibilidad de que se trate de un retrato auténtico. Junto a él, a la izquierda de la composición, un inusualmente envejecido Juan Evangelista al que se reconoce por el cáliz del que asoma un dragoncillo y por el águila de su símbolo tetramórfico colocada en primer término; en el extremo contrario, posando protectoramente una de sus manos sobre el hombro del escritor, el gran patrón de la mitra toledana, San Ildefonso. Para que no quede ninguna duda, una inscripción en letras doradas, que recorre todo el lienzo por su base, nos facilita las identidades tanto de los efigiados como del pintor y la fecha de ejecución.

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es