Cultura y tradiciones
Por José Jiménez Lozano
Comer parece que no se comía mucho en la España de Felipe IV y Carlos II, pongamos por caso, y tenemos testimonios de que hasta en la mesa de Palacio la pitanza era escasa y hasta muy menesterosa; y una vez, según cuenta Barrionuevo, pusieron a la reina un comistrajo de pescado pasado, y entonces un bufoncillo, sacándose un anillo de su dedo, dio orden de que se fuese al mercado y se comprara comida digna para la Señora.
Así que no hay que decir lo que ocurría a las gentes del pueblo, que también es lo que les ocurre hoy, y los cronistas no cuentan. Pero el caso es que, ya que no comían, procuraban divertirse y reírse, y se hacían muchos festivales al aire libre, como ahora los de verano, digamos para entendernos. Con cuatro sábanas, un buen texto cómico, y unos excelentes actores, estaba hecho el asunto.
Pero de vez en cuando, cuenta también Barrionuevo, con permiso de Sus Majestades y para su propia diversión y las de los demás, se soltaba una buena cantidad de ratones, durante la representación, y el jolgorio era inmenso, sobre todo en «la cazuela» o lugar donde estaban las mujeres; pero al final todos contentos. Sobre todo porque se habían reído mucho y no les había costado nada. Ideas antiguas de estas cosas, pero que quizás no estaban mal del todo.