Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 1 de octubre de 2002

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Sacerdote egipcio

Por Marta Poza Yagüe

En la villa de recreo que se hizo construir el emperador Adriano en Tívoli, existía frente a uno de los estanques un grandioso comedor, adornado según la estética egipcia, que recibió el nombre de Canopo. De su decoración tal vez formaran parte las dos estatuas egiptizantes que pertenecen a la colección escultórica del Prado.

La que nos ocupa es un ejemplar de época adrianea con añadidos barrocos. Efigie de un sacerdote que aplasta con el pie izquierdo un pequeño saurio, posiblemente un cocodrilo con las fauces rotas, tal vez representación de las fuerzas del mal.

Siguiendo los cánones de la escultura egipcia, el personaje se presenta hierático, de rasgos indefinidos y sin apenas expresión en el rostro —salvo la leve sonrisa que parecen esbozar los labios—, en actitud de marcha —con un pie ligeramente avanzado e insinuando el mismo movimiento con la disposición de los brazos—, concebido para ser contemplado únicamente de frente. Junto a estos aspectos, el torso desnudo y modelado, en cambio, son representativos de la moda neoática que dominó la escultura romana de tiempos de Adriano. El tejido anudado a la cintura, que le cubre las piernas hasta los tobillos, fue añadido para completar la figura durante una restauración barroca.

La mayoría de las piezas procedentes del Canopo de Tívoli fueron propiedad del cardenal romano Massimi, y adquiridas en la almoneda celebrada en 1677, tras su muerte, por otro de los grandes coleccionistas del momento: don Gaspar Méndez de Haro y Guzmán, marqués del Carpio y de Liche, embajador español del rey Carlos II en la corte papal de Inocencio XI. Tras ser nombrado Virrey de Nápoles, este aristócrata ordenó el traslado de sus obras de arte a Madrid donde las heredará su hija Catalina, esposa del duque de Alba, don Francisco Álvarez de Toledo. Serán sus sucesores quienes las donen en 1728 a Felipe V e Isabel de Farnesio. A partir de este momento, y como sucederá con el resto de la colección de estatuaria reunida por estos monarcas, servirán como decoración del palacio de La Granja de San Ildefonso, desde donde ingresarán en el Prado en 1829.

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es