ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
En 1832 el pintor David Roberts salió de su Gran Bretaña natal en dirección a España. Este fue el primer destino oriental o exótico de este artista viajero y romántico que recorrió muchos de los países del Mediterráneo. En enero de 1833 llega a Andalucía, a Córdoba. «Desde que llegué a Andalucía estoy como en un mundo nuevo, aquí la primavera está en toda su gloria», decía en una carta. Allí se queda asombrado por la catedral, antigua mezquita, y por la riqueza de vestigios antiguos de la ciudad. De Córdoba se marcha a Granada, después a Málaga y a Sevilla, donde presencia las celebraciones de Semana Santa. En todos esos lugares, Roberts tomaba notas y hacía dibujos de los monumentos y de los paisajes.
Este cuadro de la Torre del Oro, donde la torre musulmana aparece inmersa en la bruma del río Guadalquivir, fue realizado a su vuelta a Londres, a partir de 1834. Entre ese año y 1838, momento en que inicia su viaje por Egipto, pasa al lienzo muchos de sus dibujos, atendiendo a las numerosas peticiones que recibe tanto en España como en Inglaterra. En 1837, Roberts publicó un libro con todos los dibujos realizados en nuestro país. Sin embargo, quizá la obra de Roberts más conocida es la realizada en Egipto. Sus vistas de los templos faraónicos o de las espléndidas mezquitas de El Cairo despertaron multitud de espíritus románticos y aventureros del siglo xix.
El fenómeno y el propio término de Orientalismo surgen en el siglo xviii. En origen aludía a una actividad científica y de estudio. Entre 1704 y 1717 el francés Galland hizo una traducción parcial de Las mil y una noches que tuvo una gran repercusión en Europa. Esta obra se convierte en el paradigma de Oriente para los occidentales. Poco después, con el espíritu de la Ilustración, comienzan las expediciones científicas francesas, británicas y germanas a muchos de esos lugares.
Quizá la más paradigmática sea la expedición de Napoleón en 1798, que da como resultado una magnífica obra, La descripción de Egipto, donde se recoge tanto lo antiguo como lo moderno. De 1804 data una obra que recoge las Antigüedades Árabes de España,llevada a cabo por un grupo de ilustrados españoles.
A todo ello se unen los viajeros solitarios, quienes también relatan sus experiencias por el mundo islámico, muy valiosas desde el punto de vista sociológico. El español Domingo Badía, por ejemplo, emprendió su aventura disfrazado de príncipe musulmán, Alí Bey el-Abbasí fue su nombre.
Con el Romanticismo, en el siglo xix, el Orientalismo se afianza y dinamiza desde el punto de vista estético y literario. Oriente se convierte en el mundo soñado y de destino para muchos pintores (los franceses Delacroix e Ingres, los españoles Fortuny y Pérez Villamil), escritores (Lord Byron, Theophile Gautier, Washington Irving) e incluso músicos (Rimski-Korsakov).