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Martes, 16 de octubre de 2001

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ARTE / Claroscuro

El Greco, un artista de vanguardia

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Hoy nadie duda de la genialidad del pintor cretense, pero no fue siempre así; de hecho, en un primer momento no gozó de buena crítica ante el carácter tan personal de su pintura, lo que motivó que pintores y especialistas, ciegos a su arte, considerasen a El Greco como un artista atormentado, enfermo y de segunda clase. Pero los años pasaron y su obra comenzó a ser conocida en un momento en el que la trayectoria lineal del arte llegaba a su fin entre los últimos años del siglo xix y los primeros del xx, de la mano de las Vanguardias, momento en el que el artista comienza a independizarse del arte tradicional. No es casual que El Greco justo en ese momento comience a ser descubierto por los propios artistas. Veamos algunos datos sorprendentes.

Entre los que más amaron su obra encontramos al gran pintor del impresionismo Degas, y de hecho tuvo un San Ildefonso y un Santo Domingo salidos de su paleta, que por lo visto pertenecieron anteriormente al también pintor Jean-François Millet. Degas en su apartamento parisino de la rue Victor Massé, en una gran habitación instaló las mejores obras de su famosa colección de arte, y en ella, junto a obras de Delacroix, Manet, Gauguin, Cézanne o Van Gogh, estuvieron también sus cuadros.

Wassily Kandinsky y Franz Marc publicaron en 1912 en Munich Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) uno de los escritos teóricos sobre arte más importantes de la primera mitad del siglo xx, vinculado al denominado movimiento artístico del expresionismo alemán. De nuevo allí aparecerá el cretense de la siguiente forma: «... Cézanne y El Greco están emparentados espiritualmente a través de los siglos que les separan... las obras de ambos están hoy a la entrada de una nueva época de la pintura. Ambos sintieron, en la imagen del mundo, la construcción mística interior que es el gran problema de la actual generación».

Igualmente sorprendentes son las palabras conservadas entre los escritos del gran maestro del cine ruso, Sergei Mijalovich Eisenstein, quien no escatima en elogios al hablar de La Vista de Toledo conservada en el Museo de El Greco en Toledo, en el que observa claramente cualidades cubistas y expresionistas en su composición.

Hemos iniciado nuestro viaje en Francia, lo hemos continuado por Alemania y Rusia y, por supuesto, terminaremos en Estados Unidos. En esta ocasión queremos recordar la estrecha relación que tuvo el padre del expresionismo abstracto, Jackson Pollock (1912-1956), con el pintor de El entierro del conde de Orgaz. En 1990 el Metropolitan Museum de Nueva York, compró los tres primeros cuadernos de notas del pintor, fechados entre 1937 y 1941, a su viuda y al pintor Lee Krasner (1908-1984). En ellos aparecen continuos y abundantes apuntes de obras de El Greco, en los que el artista norteamericano se detiene y pondera el carácter expresionista de sus masas ascendentes llenas de vida y de color.

Tal vez después de estas líneas comprenderemos mejor la dimensión de un pintor que no fue siempre valorado y que supo adelantarse a su tiempo, y tal como decía el propio Eisenstein, qué dichosos son aquellos que pueden, y podemos, ver la obra de El Greco en Toledo.

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