Cine y televisión
Por Lisandro Duque Naranjo
José María Arzuaga, cineasta madrileño nacido en 1930, decidió venirse a Colombia en 1960, a probar suerte. Le habían dado referencias equivocadas sobre este país y juraba que aquí iba a despegar la aguja. Pero no: entre ese medioevo franquista de los años sesenta y la Colombia de las mismas fechas, la diferencia no era mucha. Aquí también había curas de parroquia que ordenaban la vida, soldados, censura y violencia. Y claro, hacer cine era una locura. Pero José María se quedó, se casó con colombiana y tuvo hijos.
Todavía no sé cómo, ni de dónde, pero también hizo películas, algunas de las cuales sufrieron prohibición. La más importante de todas se llamó Pasado Meridiano, escrita y dirigida por él en 1966. Su banda sonora fue hecha de oídas, pues no había sala de mezcla para proyectar la imagen, y por supuesto en la copia final, cuando los personajes movían la boca, no se escuchaba nada, y cuando se oía una frase por los parlantes, las bocas de los actores permanecían cerradas. Aún así, esta película colombiana es un hito. Sus imágenes tienen una fuerza arrasadora y poesía hasta para tirar para arriba. Mientras las pocas películas colombianas de entonces tendían a resbalarse hacia lo heroico, lo dramático y lo agrario, la de José María recuperaba lo urbano y lo cotidiano. Más que una remake, esta obra espléndida ameritaría una restauración.
Ahí les dejo este trompo en la uña a los hijos de Arzuaga, que son cineastas como su padre. O a algún organismo fílmico de España que haría bien en deshacer los pasos en la pantalla de éste hijo pródigo y prodigio. Lo primero, porque al final regresó a su península, donde murió en la flor de la vida, sin cumplir siquiera los sesenta años y sin concretar su sueño de que acabada la España «de charanga y pandereta» alcanzaría a filmar allí algunos de los varios guiones que en Colombia se le quedaron en veremos. Lo segundo, porque mientras lo tuvimos entre nosotros, nos asombró siempre con su labia gongorista, su talento invencible y su calor afectivo. En la última entrevista que se le hizo en Colombia, en 1982, José María Arzuaga respondió así a la pregunta sobre qué planes tenía para el futuro: «El Basurero, un guión que escribí hace un año, o España».