ARTE / Claroscuro
Por Marta Poza Yagüe
El 3 de febrero de 1557 Carlos V llega al monasterio de Yuste, lugar elegido por el monarca como retiro tras su abdicación de la corona imperial en manos de su hermano Fernando, y del trono de España, legado a su hijo Felipe.
La vejez, la enfermedad, el cansancio de casi medio siglo de gobierno y la profunda tristeza en la que quedó sumido tras la muerte de la emperatriz Isabel fueron determinantes en su decisión de terminar sus días entre los muros del cenobio jerónimo. Sin embargo, según algunos historiadores, para paliar en parte su soledad invitó a su lado a Juanelo Turriano, ingeniero hidráulico italiano, con quien parece ser que se entretenía ayudándole en la ejecución de pequeñas figurillas articuladas cuyos movimientos imitaban a los del cuerpo humano.
El cuadro de Jadraque refleja el instante mismo en el que Turriano, de pie junto a Carlos, le muestra la última de sus composiciones. La atenta mirada del rey contrasta con las expresiones de asombro de los monjes que no aciertan a comprender cómo es posible que un muñeco pueda llegar a moverse igual que un hombre. La habitación que sirve de marco a la escena pretende ser una de las estancias del monasterio de cuyas paredes, para dotar de veracidad histórica a la anécdota narrada, cuelgan tres lienzos en alusión a otras tantas obras de Tiziano: a la izquierda un Retrato del Emperador, en el centro una Dolorosa, y a la derecha el conocido Retrato de la emperatriz Isabel, realizado por el pintor italiano en 1548 y del que se tiene constancia que formó parte de las posesiones que el rey quiso tener consigo durante su permanencia en Yuste.
La obra fue ensalzada por la crítica artística del momento, que destacó su corrección en el dibujo, la maestría evidenciada en la aplicación del color y la habilidad para representar diferentes tipos humanos destacando las facciones de algunos de los frailes, auténticos retratos psicológicos.
Premiado con medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1878, fue elegido para figurar en la sección española de la Exposición Universal celebrada en París en el mismo año, fecha también en la que es adquirido por el Estado con destino al Museo Nacional de la Trinidad. Depositado en el Senado desde 1881, en 1919 se decidió su traslado a la Casa de la Tierra de Salamanca.