Literatura
Por Sergio León Gómez
En su antropología urbana, Arlt no deja por fuera a los abogados tan denostados por su maestro Quevedo, quien arraiga en Hispanoamérica en autores como Valle y Caviedes y Terralla y Landa, españoles emigrados a las Indias. Los dos nos dejaron sus desencantos en la sátira que Arlt recoge como herencia y que nos devuelve en textos tan breves como contundentes.
Fauna tribunalesca
Bien lo dijo Quevedo:
Abogados y escribanos son aprendices de tósigo y ponzoña graduada», queriendo dar a entender con ellos que era preferible sufrir la acometida de un toro furioso a entrar en relaciones con semejantes bicharacos, despojadores de viudas y enemigos natos del huérfano.
Y hoy escribo esto porque una magnífica sociedad compuesta por el abogado Galina y el escribano Virginillo, ha sido acusada por una respetable viuda de haberla despojado de todos sus bienes en forma dolosa, lo cual es sumamente grave.
Tan grave que el juez ha dictado prisión preventiva contra uno de los acusados y el otro pasará raspando a la cárcel, si no deja bien sentada su inocencia.
¿Quién no ha visto el gato y el bofe?
Llega la dueña de la casa de la carnicería con un trozo de bofe envuelto en un papel de diario, y aún nadie la ha visto entrar, que el gato, tiesa la cola, enarcado el lomo, plañidero el maullido, implora su partición de una manera conmovedora.
Lo mismo ocurre con ciertos abogados y escribanos en presencia de una herencia. El olor del dinero les pone tan nerviosos, que antes de enfriarse el difunto están ya merodeando por la casa mortuoria, ¡ y hay que verlos para creer!
Se acercan a la viuda y al huérfano, compungidos de tanta desgracia, y ellos, cuyo corazón es de duro pedernal y de resistentísimo acero, vierten lágrimas de cocodrilo, y vigilan a los parientes con mirada avizora, temerosos de que se les escape la sucesión.
Tomado de Roberto Arlt, «Fauna tribunalesca», en Aguafuertes, 1.ª edición, Buenos Aires, Losada, 1998, vol. II, pág. 139.