Por José María RomeraChorizo
y chorrada son dos palabras vecinas en los diccionarios sobre las que recaen sendas
confusiones etimológicas. Se equivocan quienes atribuyen a la voz chorizo en su
significado de ladrón un origen charcutero. Nada hay que justifique la
asociación entre el sabroso embutido y el digno oficio de tomar prestadas las cosas del
prójimo, pese a la infinidad de chistes equívocos donde se relacionan ambos. El chorizo
delincuente es una derivación espuria de chorar, que en caló significa
literalmente robar. De ahí que en el habla gitana se le llame choraró
al ladrón y que el daño o perjuicio causado en alguien sea conocido como choró,
del mismo modo que chororipén representa la indigencia, la pobreza o la
infelicidad. Algo similar ocurre con otro término de frecuente empleo en los usos
coloquiales: chorrada. Llamamos chorrada a la nadería, a lo insignificante,
pero también a las salidas de tono y las expresiones extemporáneas. Se ha creído que el
término guarda relación directa con el sustantivo jergal chorra que designa al
pene, pero no es así. Desde el siglo XIX es conocida la voz popular chorrada, proveniente a
su vez de chorro, para designar el líquido que solían añadir los vendedores a
la medida de vino, leche o aceite que adquiría el comprador, a modo de propina. De ahí
que se aplicase después a todo adorno superfluo y más tarde, extremando sus
connotaciones negativas, a la chinchorrerías y las banalidades. |