Literatura / Calderonianas
Por Lola Montero Reguera
Se conserva en el Archivo Municipal de Madrid una carta autógrafa de Calderón de la Barca, en la que éste, tendido en la cama aquejado de unas grandes tercianas, solicita discreta, un punto angustiadamente, el favor del conde de Castrillo para que se le pague la ayuda de costa por los autos del Corpus del año 1648. Dura suele ser la vida de los escritores, en todo tiempo... Firmada a 9 de octubre de 1648, dice así:
Excmo. Señor:
El día, señor, que besé la mano a V. E. para volverme a Alba, V. E., Dios le guarde, me mandó dejase persona que solicitase los efetos de la merced que me había hecho.
Yo, por no cansar a V. E. en cosas tan menores, alcé la mano desta pretensión dándome por bien premiado en solo haber acudido al servicio de V. E., pero aunque quiera llevar adelante esta atención no me es posible porque la necesidad no fácilmente se sujeta a lo mejor.
Yo estoy en una cama con unas grandes tercianas y aunque el duque mi señor me hace más merced que yo merezco, con todo no pueden los señores cuidar tan por menor de los menesteres de un enfermo que no le hagan soledad cuatro reales a su cabecera. Suplico a V. E. cuan humildemente puedo sea servido de hacerme merced de mandar se me pague aquella libranza, pues tiene tantas prerrogativas en mi favor como un decreto de V. E., un Ayuntamiento de Madrid y un auto del Consejo, y en ninguna ocasión podrá lograrse mejor que en ésta toda la honra y merced que V. E. me hace, pues en ella no solo gozará el nombre de ayuda de costa sino el de socorro piadoso, merecido no ya por su primer pretexto, sino por el de valerme en mi mayor necesidad del amparo y grandeza de V. E., cuya vida Nuestro Señor guarde los felices años que sus criados deseamos y hemos menester. Alba y octubre 9 de 1648.
Humilde criado de V. E. que sus pies besa don Pedro Calderón de la Barca.
(Tomado de Cristóbal Pérez Pastor, Documentos para la biografía de D. Pedro Calderón de la Barca, Madrid: Establecimiento Tipográfico Fortanet, Impresor de la Real Academia de la Historia, 1905, págs. 161-162).