Literatura
Por Sergio León Gómez
Las Aguafuertes de Arlt constituyen una suerte de sociología urbana en la que el autor traza dolorosamente los rasgos de ciertos tipos humanos de la clase media porteña. El autor apunta a una sociedad donde la familia también está marcada por relaciones de poder. Pero no generaliza, sino que establece tipologías, como la del «padre negrero», para llamar la atención sobre la explotación que sufren los hijos en manos de estos grotescos e insensibles personajes.
Recuerdo que otra mañana que encontré en una calle de Palermo a un carnicero gigantesco que entregaba una canasta bastante cargada de carne a un chico hijo suyo, que no tendría más de siete años de edad. El chico caminaba completamente torcido, y la gente (¡es tan estúpida!) sonreía, y el padre también. En fin, el padre estaba orgulloso de tener en su familia, tan temprano, un burro de carga, y sus prójimos, tan bestias como él, sonreían, como diciendo:
—¡Vean, tan criatura y ya se gana el pan que come!
Pensé hacer una nota con el asunto; luego otros temas me hicieron olvidarlo, hasta que el otro acto me lo recordó.
Cabe preguntarse ahora, si estos son padres e hijos, o qué es lo que son. Yo he observado que en este país, y sobre todo entre las familias extranjeras, el hijo es considerado como un animal de carga. En cuanto tiene uso de razón o fuerzas lo colocan. El chico trabaja y los padres cobran. Si se les dice algo al respecto, la única disculpa que tienen esos canallas es:
—Y ¡hay que aprovechar mientras que son chicos! Porque cuando son grandes se casan y ya no se acuerdan más del padre que les dio la vida. (Como si ellos hubieran pedido antes de ser que les dieran la vida.).
Tomado de Roberto Arlt, «Padres negreros», en Aguafuertes, 1.ª edición, Buenos Aires, Losada, 1998, vol. II, pág. 128.