Por José Martínez de SousaNo son
pocos los quebraderos de cabeza producidos por la grafía nacional de México.
Quienes tienen algún conocimiento lingüístico se aferran a que la x medieval
evolucionó a j a partir del siglo XVII y que, por consiguiente, la única grafía
correcta del nombre de ese país americano es Méjico. No están totalmente
equivocados, aunque tampoco den de lleno en la diana.
Es verdad que la antigua x evolucionó a j,
como, por ejemplo, en xabón, que dio jabón; xeringa, que dio jeringa;
traxe, que dio traje. Pero no es un proceso cerrado, por cuanto aún hay
palabras españolas que llevan esa x en su grafía, si bien es cierto que
alternando con la misma forma pero con j, como complexidad, complexo, oximel,
carcax, gambux, trox, en las que se prefieren las grafías con j, y otras, como
anexar, luxación, almoradux, gambax, en las que se prefieren las grafías con x.
Los mexicanos, en uso de las potestades que
corresponden a todo país soberano, decidieron que la grafía de su nombre nacional
conservaría la x medieval, México, no la j, Méjico. En
consecuencia, el gentilicio sería mexicano, no mejicano. En ambos casos,
manteniendo la pronunciación como j de la x. En realidad, no hay tantas
razones para la incomprensión de esta decisión. De hecho, en español quedan aún
antropónimos y topónimos que mantienen la x medieval, como Maxencio,
Práxedes, Ximena, Ximénez, Mexías, Texera (alguno de los cuales registra la
Gramática académica), aunque alterna con otra grafía, preferible, con j. Hay,
pues, razones suficientes para admitir, sin rasgarse las vestiduras, la grafía México
(aparte, claro, de la decisión soberana de los mexicanos).
El problema que le vemos es que la
pronunciación, tanto en español como en otros idiomas, resulta incontrolable, y ya se ha
generalizado entre nosotros la pronunciación de la x como ks y no como j,
que es lo que pronuncian los mexicanos. También se ha dado la pronunciación como sh
inglesa, que, naturalmente, tampoco corresponde a la mexicana.
Por su lado, la Academia Española admite la
grafía México y mexicano, pero prefiere Méjico y mejicano.
Su parecer no concuerda con el de la inmensa mayoría de los escritores mexicanos, que no
solo prefieren la x, sino que rechazan la j.
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