Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Patrimonio histórico
Miércoles, 14 de noviembre de 2012

Rinconete

Buscar en Rinconete

PATRIMONIO HISTÓRICO

Grafitos históricos (13). Partituras murales

Por José Miguel Lorenzo Arribas

En la servilleta de un bar, en un tique usado, o en un billete de tren… todo soporte es bueno para fijar una intuición, un apunte, bosquejo, cita o algo inconexo que a la mente creadora le viene a la cabeza, en un instante fulgurante, para capturarlo casi taquigráficamente en lo que se tenga a mano. Así han pergeñado escritores, proyectado arquitectos, abocetado pintores, escultores o diseñadores gérmenes de lo que luego han sido grandes obras. ¿Y los músicos? Los músicos también.

Así como es habitual encontrar escenas o instrumentos musicales representados en la pintura mural medieval, no ocurre lo mismo con la música escrita, reacia a soportes que no se puedan mover. Tampoco el acto de cantar es fácil de representar si no es coralmente y con los símbolos parlantes de turno. Excepcionales, desde luego, son los frescos tardogóticos (finales del siglo xv) de la sala capitular del convento franciscano de Morella (Castellón), restaurados entre 1993 y 1996, que representan la Danza de la Muerte y transcriben en dos pautas con notación musical cuadrada gregoriana el primer verso del refrán en catalán Morir frares nos covè, mas no sabem la hora…, presente en versión latina en la pieza Ad mortem festinamus del Llibre Vermell de Montserrat (f. 26v, finales del siglo xiv). Pero este conjunto nada tiene de grafito, más allá de su plasmación vertical, sobre un revoco de cal. Es pintura mural en toda regla, ambiciosa y premeditada, sujeta a un plan, que incluyó sorprendentemente la melodía como uno de los elementos para tratar. Se podía cantar mirándola. Viene a ser un trasunto de los grandes cantorales de coro, esos mamotretos que llegaron a pesar varias decenas de kilos, para los que se tallaron inmensos facistoles para sostenerlos y permitir así la interpretación colectiva del canto, que se veía a distancia, desde los sitiales lígneos de la cantoría. En realidad, esta necesidad de amplificar la imagen no es invento del siglo xix y sus entonces sorprendentes medios de proyección precinematográficos. Vemos que arranca ya de mucho antes.

Pero volvamos a la necesidad opuesta: la del apunte privado, casi clandestino, para fijar una melopea y recordarla luego a partir de la lectura de esa mínima expresión que se ha podido registrar en un soporte. En esa categoría entran los rasguños de las partituras grafiteadas sobre un muro. A falta de papel, la pared ofrece una superficie estable que sirve para recordar una melopea, solución solo al alcance, claro, de quien conoce los secretos de la notación musical y pueda volver al lugar para así recordar lo que garabateó. Así ocurre con más de veinte pequeñas pautas musicales incisas descubiertas en el monasterio búlgaro de Ravna, o un apunte de la capilla de Santa Águeda del palacio real de Pedralbes (Barcelona), en realidad un breve fragmento datado en el tránsito entre los siglos xiv-xv, con notación romboidal y cuadrada sobre tetragrama, en escritura que remite a la estética del periodo musical conocido como ars nova.

Este modo de transmisión de la música emparenta con las anotaciones que, desde la Edad Media, se hacían en márgenes o folios en blanco de manuscritos (marginalia), donde un escriba apuntaba melodías para permitir recordarlas posteriormente. Así, por ejemplo, las cuatro piezas trovadorescas con aire de danza insertas en un manuscrito de contenido notarial procedente de San Juan de las Abadesas (Gerona) de mediados del siglo xiii. Aprovechando un folio en blanco (el pergamino siempre fue un bien escaso y por tanto caro), el escriba bosquejó, con bastante pericia, música y texto, alguno por cierto de contenido más que subido de tono.

Las dos siguientes entregas descubrirán otros tantos ejemplos sorprendentes. Música desde el revoco, desde el mortero de cal y arena, partituras verticales o, llevando al extremo la expresión («si estas paredes hablasen…»), muros que cantan.

Ver todos los artículos de «Grafitos históricos»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es