CULTURA Y TRADICIONES
Por Eva Belén Carro Carbajal
El mágico mundo de las aguas siempre ha ejercido un poderoso atractivo en el ser humano. Mares, lagos, ríos y fuentes se han visto rodeados de un aura de sacralidad, de veneración y de respeto desde el principio de los tiempos, en mayor o menor medida. No en vano, las aguas simbolizan la vida y son portadoras de salud y de un sinfín de beneficios. Un ámbito perfecto para la génesis de mitos y de leyendas.
Las fuentes son lugares donde manan y brotan las aguas. Lugares fértiles asociados a lo femenino, como femeninos son los seres que tradicionalmente las habitan. Para los griegos y los romanos las ninfas eran los espíritus de la naturaleza que vivían en los arroyos, en los manantiales y, por supuesto, en las fuentes que, generalmente, tenían virtudes sanadoras. Sus devotos acudían a ellas para obtener presagios o para pedirles la curación de las dolencias corporales mediante los baños o la bebida del agua. Como agradecimiento depositaban en los manantiales ofrendas y aras votivas, cuyas inscripciones mencionan el nombre de las ninfas que habitaban sus aguas y que correspondían a deidades indígenas. Así sucede, por ejemplo, en Baños de Montemayor, Cáceres, en las estribaciones de la Sierra de Gredos. Sus baños romanos, reconvertidos en balneario, todavía reciben visitas en las que se pueden apreciar las antiguas salas con hornacinas donde se exhiben los altarcillos dedicados a las ninfas y los restos de canalizaciones.
Los manantiales de aguas medicinales son numerosos y el culto a las ninfas, en plural, estuvo muy extendido por todo el noroeste y el centro de la península ibérica. Ninfas Varcilenas, ninfas Tanitacuas, ninfas Caparenses, ninfas Eletenses, ninfas Lupianas, ninfas Castaecas… Sin embargo, también hay seres masculinos relacionados con las aguas, ya que los grandes ríos estaban divinizados. El profesor Blázquez Martínez sostiene que, al igual que en Grecia y en Roma, el Duero recibía culto en Oporto.
Algo similar ocurre en Baños de Cerrato, provincia de Palencia. En el emplazamiento donde actualmente se erige la basílica visigoda de San Juan de Baños ha aparecido un ara dedicada a las ninfas que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, mientras que en la excavación arqueológica realizada en los alrededores se encontraron restos de un templo consagrado a Esculapio, dios de la medicina. Prácticamente contigua se halla la fuente, cuyas cualidades hicieron que los romanos se aprovecharan de sus salutíferas y abundantes aguas. Pero serán los visigodos los encargados de cristianizar este lugar pagano bajo la advocación del santo de las aguas por excelencia, san Juan Bautista.
Algunas investigaciones señalan la existencia de un posible ninfeo en la aldea de Santa Eulalia de Bóveda, en las cercanías de Lugo. Bajo los cimientos de su iglesia se descubrió un recinto subterráneo en cuyas paredes aparecen representados enfermos mostrando las partes lisiadas de su cuerpo y los miembros en los que se localizan sus males, así como un estanque central excavado y rodeado por tres columnas. Pinturas murales decoran la bóveda de medio cañón con representaciones vegetales y de aves, si bien su parte central estuvo decorada con motivos geométricos hoy no conservados. La hipótesis más aceptada en la actualidad afirma que se trata de un templo tardorromano dedicado al culto a las ninfas, al que acudían los fieles buscando la curación que ofrecían sus aguas salutíferas. Posteriormente fue consagrado al culto cristiano.
También los pueblos celtas sentían predilección por estos lugares y contaban con divinidades del agua a las que veneraban. Les dirigían plegarias y rituales para propiciar la fertilidad y la salud, pero también las temían. Estos espíritus acuáticos serán más tarde cristianizados, al igual que en otros lugares. De este modo, esas aguas y manantiales continuaron bajo protección divina ofreciendo salud y propiedades benéficas a través de las diferentes advocaciones marianas o de las santas por cuya intercesión se obraban los milagros.
La presencia femenina se conservó en la tradición y en el folclore popular y resultan infinitas las narraciones sobre hermosas doncellas que se aparecen casi siempre a los hombres en las cercanías de las fuentes. De hecho, la fuente es un lugar simbólico de encuentro amoroso entre jóvenes de distinto sexo, que connota a todo lo que la rodea. Incluso llegaron a vivir en ellas las moras, encargadas de custodiar sus tesoros… Las aguas que brotan desde lo más profundo de la tierra se entremezclan con fuerza en un denso imaginario cultural del que todavía siguen vivos muchos mitos y leyendas.