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Viernes, 11 de noviembre de 2011

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PATRIMONIO HISTÓRICO

Románico romántico (25). San Polo

Por José Miguel Lorenzo Arribas

Después de muchos años de tramitación del expediente, la ermita de San Polo, en las afueras de Soria capital, ha sido declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León. De pasada nos referíamos a ella en un rinconete anterior, donde se contaba cómo sobre ella, pobre, también había caído el estigma de templaria, fatalidad que no tiene que ver con la orden militar en sí, una más entre las muchas que existieron antaño, sino con lo que sobre ella se ha escrito, y adscrito, en los siglos xix y xx. Bécquer reforzó la nebulosa citando a San Polo en dos de sus Leyendas. Para qué queríamos más.

Ciertamente, nos hallamos ante uno de los monumentos románicos de la ciudad de Soria más peculiares y, digámoslo así, raros. Una rareza que comienza por la propia advocación. Hay santos y santas de nombres extraños, casi imposibles, pero no es el caso de Polo, que por corto y pronunciable no debiera figurar en la extensa nómina de cacofónicos o atrabiliarios antropónimos. El problema que ofrece Polo es que no figura en el santoral católico, aunque una antigua iglesia salmantina (hoy hotel) ostentara también el extraño bisílabo en su advocación. Piensan los estudiosos que pudiera derivar de Paolo, es decir, Pablo (Paulus). Sea como fuere, tampoco fueron muchas las iglesias que se pusieron bajo la protección de este apóstol en los tiempos del románico.

El San Polo soriano se halla a medio camino entre los dos monumentos más visitados y singulares de Soria: la iglesia y claustro románicos de San Juan de Duero, de la que le separan quinientos metros, y la barroca ermita de San Saturio, un kilómetro justo más allá. De hecho, las reliquias del santo visigodo fueron algún tiempo custodiadas en la ermita que ahora da comienzo al transitadísimo camino que, cabe el Duero, nos lleva a la cueva que la tradición hizo morada saturiana y sobre la que se alzó el pastelito rococó en los primeros años del siglo xviii que las hubo de cobijar definitivamente.

Pues bien, en el Boletín Oficial de Castilla y León se recoge el Acuerdo 199/2011 de 25 de agosto por el que se declara BIC con categoría de monumento el singular enclave, poniendo fin a un interminable expediente que comenzó con la incoación del procedimiento para declarar San Polo como monumento histórico artístico en ¡1979! Treinta y dos años se ha tardado en completar los trámites burocráticos para garantizar la protección que merece de cara a su correcta conservación.

Lo que más sorprende, y por ello asoma por estas páginas la dura prosa administrativa del Boletín Oficial, es la exposición de principios que ha motivado esta declaración. Sus cinco líneas y media, tras citar sucintamente que se «conserva la iglesia y algunos restos de lo que fue el claustro del siglo xii», afirman que sus valores arquitectónicos, históricos y ambientales «han convertido a este mágico y romántico lugar en una de las señas de identidad de la ciudad de Soria». Las cursivas, claro, las ponemos nosotros.

Efectivamente, el enclave en que se inserta es un muy ameno paraje. Sorprende que una servidumbre de paso atraviese la ermita por el centro de su nave, bajo bóveda de cañón enmarcada por arcos de medio punto. Es propiedad privada, y los cuidados jardines que la circundan excitan la curiosidad del visitante, que ha de contentarse con atisbarlos a través de la cancela de hierro que los aísla. Por dentro, no se puede ver. Estos condicionantes ofrecen ese plus «misterioso» (¿o se refiere el texto legal a su «pasado templario»?), y la hiedra cubriendo muros, el césped recortado en el jardín y sus estelas diseminadas por él, dan esa imagen «romántica» (¿dónde quedó la románica?) lapidariamente reforzada por los célebres versos de otro poeta sevillano, Antonio Machado:

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—,

que continuaban hablando de esos célebres y sufridos chopos que, entre ambas ermitas

tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.

San Polo, monumento «románico romántico» por derecho propio. Lo dice la ley.

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