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Miércoles, 10 de noviembre de 2010

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CULTURA Y TRADICIONES

Heroínas de las independencias latinoamericanas (3). Policarpa Salavarrieta (Colombia, 1775-1817)

Por Concepción Bados Ciria

Policarpa Salavarrieta —conocida como La Pola— era una costurera humilde que formó una red de espionaje en su pueblo natal de Guaduas (Cundinamarca, Colombia). Recogía noticias en las calles, la iglesia y los mercados y se las relataba a los prisioneros republicanos, a los que visitaba bajo el pretexto de llevarles comida. Salavarrieta llevaba a cabo su quehacer como costurera mientras hacía de espía para la causa; conseguía acceder a las casas de los monárquicos de Bogotá y luego pasaba la información a los insurgentes. La Pola fue arrestada en 1817 y llevada como prisionera al Colegio de Nuestra Señora del Rosario, donde fue sentenciada a muerte. El 14 de noviembre de 1817, en la plaza principal de Bogotá, tres mil soldados supervisaron la ejecución de La Pola, de su novio (el independentista Sarabaín), de seis soldados del ejército republicano y de un desertor.

Sus biográfos aseguran que La Pola desfiló hacia su ejecución con la cabeza alta, orgullosa de sus acciones; incluso rehusó beber agua porque se la había ofrecido un español. Es de creencia popular que se necesitaron seis balas para matarla y que, antes de morir, se dirigió a la multitud de la siguiente forma: «No lloréis por mí; llorad por la esclavitud y prisión de vuestros abatidos compatriotas; sírvaos de ejemplo mi destino. Levantaos y resistid los ultrajes que sufrís con tanta injusticia». A los soldados les dijo: «Asesinos, sois capaces de matar a una mujer. Temblad; coronad vuestro atentado. Pronto vendrá quien vengará mi muerte». No quiso que se le taparan los ojos y gritó: «¡Viva la Patria!».1

La Pola se convirtió en una heroína y mártir nacional; sobre ella se escribieron dramas, sonetos y canciones. A los pocos años de su muerte, La Pola se transformó en un símbolo de la resistencia hispanoamericana ya que, según Alicia Hincapie Borda, Salavarrieta conmovió el alma nacional, y produjo lágrimas de dolor. Sin duda alguna, La Pola fue la mujer que elevó el patriotismo al grado más extremo, porque llegó a los corazones de la gente a través de su actitud, su discurso desafiante y su comportamiento valiente cuando se enfrentó sin miedo alguno a sus verdugos.2

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  • (1) Rómulo Zabala, «Policarpa Salavarrieta», en Emilia Romero de Valle (ed.), Mujeres de América, México, SEP, 1948, pp. 42-43. volver
  • (2) Alicia Hincapie Borda, Tras la imagen y la presencia de Policarpa, Bogotá, Lerna Ltda., 2000, pp. 47-48, 155. Germán Arciniegas, América mágica. II. Las mujeres y las horas, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1961. volver
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